De quien es mi doctrina

TEMA: El TESTIMONIO CRSITIANO
TEXTO: “Pero a la mitad de la fiesta subió Jesús al Templo, y enseñaba. Y se admiraban
los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe este letras sin haber estudiado? Jesús les respondió y
dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.

El que quiera hacer la voluntad de
Dios, conocerá si la doctrina es de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta. El que habla
por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que lo envió,
este es verdadero y no hay en él injusticia” (JUAN 7: 14-18) (RV)
TÍTULO: ¿DE QUIÉN ES MI DOCTRINA?

 

INTRODUCCIÓN
¿Porqué muchas personas si dicen creer en Dios, rechazan el testimonio probado de que Jesucristo
es el único camino para la salvación y la vida eterna, y quien actúa poderosamente ennuestras
vidas?
Esta es una interrogante interesante y que posiblemente nos viene a la mente con
frecuencia. Jesús mismo cuando estuvo entre los hombres lo vivió personalmente. En su
palabra encontramos muchos de estos relatos interesantes de cuando se enfrentaba a este
tipo de personas. Gracias a ello podemos nosotros entender el porqué de esta situación, a
pesar de que las pruebas a favor del Hijo de Dios son abrumadoras, y de nuestro deseo
sincero de servirle a Él y a nuestros semejantes.

DESARROLLO
El Maestro fue confrontado por un grupo de Judíos a causa de que había sanado a un
paralítico en el Sábado. A él se le enfrentaban todo el tiempo personas que tenían
conocimiento de las leyes de Dios, escribas, fariseos, maestros; el grupo más selecto de
teólogos de su tiempo. Supuestamente ellos querían que se guardaran las leyes, que se le
diera la honra a Dios y a su santa palabra. Pero a Dios nadie le puede engañar, quizá a los
demás hombres si, pero nadie conoce mejor los corazones que él, porque eso es lo que
quiere obtener de nosotros. En otro enfrentamiento con ellos les respondió:
“Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna,
y ellas son las que dan testimonio de mí;y no queréis venir a mí para que tengáis vida.
Gloria de los hombres no recibo. Pero yo os conozco, que no tenéis el amor de Dios en
vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibís; si otro viniera en su propio
nombre, a ese recibiríais. ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los
otros y no buscáis la gloria que viene del Dios único? No penséis que yo voy a acusaros
delante del Padre. Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza, es quien os acusa, porque si
creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis a sus
escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?” (JUAN 5: 39-47) (RV)
En este pasaje el Señor nos deja entender un poco a estas personas, podemos entender
que:
“Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna,
y ellas son las que dan testimonio de mí” (vs. 39) (NVI)

1. Si alguien desea realmente entender a Dios y lo que él nos ha entregado por
gracia en Jesucristo, de la palabra misma lo puede sacar. Uno puede salir de dudas
escudriñando, con el entendimiento sincero y humilde, las escrituras mismas. Uno debería
probar también todo lo que dicen y hacen a la luz de las verdades inspiradas or el Señor.
Luego está si es que tenemos la fe para creer todo lo que en ella está escrito, o la
acomodamos a nuestros puntos de vista.
“Gloria de los hombres no recibo. Pero yo os conozco, que no tenéis el amor de Dios en
vosotros” (vs. 41-42)

2. El pretendido amor de muchos hacia Dios es algo puramente formal. Se
trata de pura apariencia, tradiciones humanas. Les es más fácil seguir la corriente de las
demás personas, la familia, lo conocemos con el clásico “Siempre ha sido así en mi familia” o
“Aquí siempre lo hemos hecho así” En realidad estos corazones son insensibles a la voz de
Dios. Así su religión se convierte en fachada, en costumbre, pero no una relación íntima
con Dios que es lo que se espera (JUAN 1: 12)
“Yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibís; si otro viniera en su propio
nombre, a ese recibiríais” (vs. 43)

3. Su conocimiento de Jesucristo es superficial. Fácilmente aceptan otro tipo de
creencias, se van tras cosas y promesas pasajeras, pero no están dispuestos a recibir el
testimonio del Hijo de Dios, ¿Porqué? Primero porque en realidad no saben quién es Jesús,
no le conocen a ciencia cierta aun. Segundo porque su orgullo es muy grande y no están
dispuestos a doblegarse ante todas sus demandas. Aunque casi todos saben que toda
autoridad tiene, tanto en los cielos como en la tierra, no son capaces de entregar sus
corazones.
Este desconocimiento de la voluntad de Dios en Cristo los llevará siempre a ser
arrastrados por las masas sumidas en vicios y falsos placeres, poniendo su fe en falsos
dioses que les permiten libertinaje a aparente alegría. Pero Jesús quiere entregarles una
alegría genuina y eterna ¡Aleluya! Una relación intima con el Dios verdadero que produzca
justicia.
Ej. Los católicos, Los mormones, “Testigos de Jehová” y las demás sectas religiosas que
dicen creer en Dios, pero su resistencia a la divinidad de Jesús es evidente.
“¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros y no buscáis la
gloria que viene del Dios único? No penséis que yo voy a acusaros delante del Padre.
Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza, es quien os acusa” (vs. 44-45)

4. Su conocimiento de Dios es hipócrita. Pretenden hacernos creer que su deseo es
seguir a Dios y hacer su voluntad, pero en verdad eso no es lo fundamental para ellos. Su
prioridad es ellos mismos. Miles de seres humanos le dan la espalda a Dios y su poderoso
testimonio solo por el temor de perder su “Buena reputación” o por temor al “Qué dirán”
Esto no es más que muestra del egoísmo de sus corazones.
Son extensos los casos que encontramos de individuos que cuentan con evidencia
contundente de la existencia y poder de Jesús, pero su apego a tradiciones y su
compromiso con otros es tan fuerte, que no son capaces de doblegar su posición o
condición, sabiendo aun que les espera la oposición mas fuerte que en sus vidas puedan
experimentar: la de Dios mismo. Bien declaró el Apostol Pedro:
“Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes” (1 PED 5: 5b) (NVI)
“porque si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no
creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?” (vs. 46-47)

5. Su conocimiento de las escrituras es teórico. ¿Cuántos no has que dicen conocer y
creer en la Biblia? Hasta se saben los textos de memoria y pueden hasta dar clases sobre el
tema. Pero luego sus vidas los delatan fácilmente porque no viven conforme a lo que allí
está escrito. No se toman la escritura en serio. Jesús mismo les preguntó: ¿Cómo podrán
creer en mi palabra? Si es que la Biblia para ellos solo es un buen libro. Todo el que la tome
así no leerá nada más que vocablos sin sentido. Hay que acercarce a ella reconociendo que
son las palabras que salen de la boca misma de Dios, porque ella es poder transformador
de vidas.
“Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que tiene poder
para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados” (HEB 4: 12-13) (RV)

CONCLUSION
La fe cristiana es más que el asentimiento superfical de ciertas posiciones bíblicas, es
mucho más que decir “La Biblia es verdad” La fe en Jesucristo es algo experimental y
práctico. Es conocer personalmente al Hijo de Dios en una relación íntima, una comunión
que nos conduzca a la justicia.
Ser cristiano es un modo de vida transparente que demuestre la presencia poderosa y
transformadora de Dios en nosotros, que deja notar que tenemos algo diferente. El
Maestro una y otra vez nos deja entender que él tiene el poder a la autoridad de Dios
mismo; y que esta maravilla fue manifestada para actuar por nosotros, en nosotros y
a través de nosotros. Eso es para todo aquel que en él cree. Ser llamados hijos de Dios
representa el privilegio y la responsabilidad de testimoniar de su presencia viva en
nosotros, reconocer su gracia, y brindar honra y gloria a nuestro Padre que está en los
cielos en todo lo que hagamos, sea de hecho o de palabra.
Sin embargo, a menos de que una persona este dispuesta a someterse de todo corazón a
la autoridad de Jesús y a su voluntad, nunca sucederá nada extraordinario en sus vida. Si
no vamos a él con una disposición humilde y le digamos “No es lo que yo quiera, sino lo que
tu quieres” o “No es lo que digan todos, sino lo que dices tu” no tendremos conversiones
genuinas ni vidas completamente victoriosas.
Todo el que esté realmente dispuesto a dejarse enseñar y guiar por Dios mismo, a través
de su Espíritu Santo, recibirá en su vida las promesas fieles que de ese tipo de personas
están escritas en la palabra de Dios. Esto es más que palabras, más que canciones, es una
experiencia única con Jesucristo.
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que
ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí
mismo por mí” (GAL 2: 20) (RV)