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Devoción (Parte 3)

DEVOCIÓN: La mejor manera de vivir la fe (Tercera parte)

3. DEVOCIÓN: Ayudando a la identidad de un cristiano

-Resulta muy interesante la amplitud del concepto de devoción. También se describe como
“prontitud con que se está dispuesto a dar culto a Dios” Es rendirle honores al creador por lo que él es
y lo que hace. Contrarios a él, muchos ídolos se han hecho llamar dioses y desvían nuestra atención
del verdadero Señor. En medio de tanta confusión, y a su vez para evitarla, nos han dado a conocer
varios requisitos indispensables que nos tienen que identificar como hijos genuinos del Dios
verdadero. Veamos que importancia tiene la vida en devoción referente a estos aspectos.

3.1 La devoción y el Amor

-Estas cuatro letras, unidas correctamente, no pueden faltar en la vida de alguien que dice conocer
a Dios y que desea vivir junto a él por siempre. La Biblia nos dice:
“El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 JUAN 4: 8)
-Y esto se extiende mucho más allá de la virtud del conocimiento de Dios, sino que es algo
indispensable si queremos vivir una eternidad
“Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena o
címbalo que retiñe. Y si tuviera profecía, y entendiera todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera
toda la fe, de tal manera que trasladara los montes, y no tengo amor, nada soy” (1 COR 13: 1-2)
-Nada soy, referido a nuestra propia existencia. Y entonces, ¿Cómo podemos afianzarnos en el amor?
“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi
Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (JUAN 14: 21)
-Dios entiende que le amamos cuando tenemos y guardamos sus mandamientos. Esto supone
primeramente que le conozcamos, que entendamos que se trata su voluntad, y luego ponerla por
obra. No se puede obedecer un mandato que no se conoce.
-Todo este proceso incluye sin duda un claro esfuerzo, tiempo, dedicación, un acercamiento a
Jesús y a sus palabras. Luego un deseo ferviente de obedecerle. Esto no es otra cosa que devoción.
Esta es la expresión amorosa de Dios y los resultados siempre serán buenos para nosotros:
“El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él”
(JUAN 14: 23)

3.2 La devoción y la fe

-Nosotros no hemos tenido el privilegio de ver con nuestros ojos mortales la majestad completa del
Dios vivo. Es por eso que la experiencia cristiana es necesariamente por fe. Es esa certeza de lo que
esperamos, la convicción de lo que no vemos. De ella misma se dice:
“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay,
y que es galardonador de los que le buscan” (HEB 11: 6)
-Es imposible agradar a Dios sin fe. Si no le llegamos a agradar, ¿Cómo perfeccionar nuestra fe?
“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (ROM 10: 17)
-La fe viene por un continuo escuchar de la palabra de Dios. Una dedicación frecuente por conocer
sus poderosos hechos, su voluntad y las maravillosas promesas que nos han sido reservadas. Por la
fe fue que alcanzaron buen testimonio todos esos grandes siervos conocidos. Pero en todos y cada
uno de ellos la devoción por Dios fue algo característico de sus vidas. Mientras nosotros nos
descuidamos y sigamos relegando al Señor a segundos planos, no podremos crecer en este aspecto
indispensable en nuestra relación con el Señor de todos los señores.

3.3 La devoción y los frutos

-Dios prometió y cumplió que derramaría su Espíritu como sello de identidad de que le
pertenecemos. Su presencia en nosotros produce algo imprescindible conocido como
“El fruto del Espíritu “
¿Debería un cristiano ocuparse y preocuparse de que este fruto se manifieste visiblemente en su vida?
-Jesús nos da la respuesta
“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos
rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así,
todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos
frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el
fuego. Así que por sus frutos los conoceréis” (MAT 7: 15-20)
-Sin duda el fruto es la manera calificada para conocer la presencia de Dios en cada individuo. De
la misma manera en que cada fruto identifica el tipo de árbol, las manifestaciones en la vida del
hombre demuestra sobre que fe está fundada o donde está anclada su alma. Pero esta enseñanza
de Jesucristo revela algo más profundo:
“Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego”
¿No es algo con lo que deberíamos descuidarnos? ¿Y cómo desarrollamos este fruto?
“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no
permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos;
el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”
(JUAN 15: 4-5)
-Permaneciendo en Jesús que es nuestra vid verdadera porque separados de él nada podemos
hacer, no es que haremos poco, sino nada. La inclinación y la práctica de la voluntad de Dios están
implícitas. Mientras más estemos en contacto con la fuente, llevaremos más fruto.

3.4 La devoción y la santidad

-Santidad significa separación del pecado, pureza, limpieza, apartarnos para vivir justamente. Dios
se declara a su pueblo como la máxima expresión de la santidad
“No hay santo como Jehová; Porque no hay ninguno fuera de ti” (1 SAM 2: 2)
-De la misma manera le ordenó:
“Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová
vuestro Dios” (LEV 19: 2)
¿Es solo un versículo bíblico más del antiguo testamento o algo actual y necesario?
“Seguid la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (HEB 12: 14)
-Sin la andar en santidad nadie verá al Señor. Será demasiado triste llevar 30, 40, 50 años aquí en
la tierra pasando tribulaciones y tentaciones, pensando que como vamos a la iglesia cada semana
todo saldrá bien, y luego al comparecer ante su presencia escuchemos esta sentencia:
“No te conozco, llevadlo al fuego eterno” (MAT 7: 21-23)
-Aunque sabemos que él no nos obligará, en ese día no habrá marcha atrás. Él nos da en este
tiempo la oportunidad de responder a su inigualable amor viviendo como él vivió. Por eso una y
otra vez nos recuerda el camino y sus normas.
-Seguid la santidad. Para seguirla debemos primeramente encontrarla y luego saber que rumbo
lleva. Solo de esa manera nos pondremos en condiciones para seguirla. Esto denota nuevamente
un marcado interés de nuestra parte en desear encontrarnos con Dios y su palabra, y cuanto antes
mejor. Luego tener tiempo para entender sus propósitos y después obedecerle fielmente. De todas
maneras, eso es lo mejor que podremos hacer con nuestras vidas.
-Llevar una vida de devoción a nuestro Señor y salvador, vivir por fe en él, es la mejor respuesta
que podemos dar a sus demandas. Dios nos ayude y recuerde siempre que eso es lo mejor para
nosotros mismos.