La importancia de las relacioines personales
TEXTO: (Prov. 27: 17)
TÍTULO: JUNTOS PARA NO DAR VENTAJA
INTRODUCCIÓN
Hace un tiempo atrás recibimos una palabra fresca del Señor que nos decía: “Tengan cuidado y
atiendan a sus relaciones interpersonales” Pero nos hemos seguido enfrentando a problemas por
causa de este punto en específico, causado por el hecho de que hemos sido solo oidores y no
hacedores de la palabra de vida. Los oidores consideran las cosas por un momento, pero luego
cuando se van se olvidan de cómo era (Stg. 1: 22-24) Luego esto nos lo ha repetido en varias
ocasiones, pero aun padecemos de lo mismo. Que misericordioso es porque hoy nos quiere ayudar
nuevamente con este tema, su paciencia para con nosotros es realmente admirable.
Vivimos en sociedades y comunidades donde las relaciones son determinantes. Ellas influyen en
las posiciones, los estados de ánimo, el comportamiento, etc., por eso no deberíamos perderles de
vista. Veamos hoy juntos la perspectiva divina respecto a este tema. Nos podríamos preguntar:
->¿Se ocupa Dios solamente de los asuntos referentes a las actividades religiosas o brinda algún
tipo de atención a las relaciones humanas?
->¿Para Él es solo importante lo que hacemos en el culto o está atento a como nos relacionamos
en el diario vivir?
Solo con echar una mirada a la lista de los diez mandamientos nos damos cuenta que la relación
de los unos con los otros es significativa dentro de su voluntad.
LOS DIEZ MANDAMIENTOS
-
No tendrás otros dioses delante de mi. (Ex. 20, 3)
-
No te harás idolo. (Ex. 20,4)
-
No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano. (Ex. 20,7)
-
Acuérdate del día de reposo para santificarlo. (Ex. 20, 8)
-
Honra a tu padre y a tu madre. (Ex. 20,12)
-
No matarás. (Ex. 20,13)
-
No cometerás adulterio. (Ex. 20,14)
-
No hurtarás. (Ex. 20,15)
-
No darás falso testimonio contra tu projimo. (Ex. 20,16)
-
No codiciarás. (Ex. 20,17)
Los primeros cuatro mandamientos son específicos en cuanto a nuestra relación con Dios, los
demás (seis) son para establecer relaciones correctas con los demás ante los ojos del creador. Esto
significa que el 60% del decálogo corresponde a las relaciones interpersonales. ¿Interesante
verdad?
DESARROLLO
1. Dios instituyó desde la creación las relaciones interpersonales (Gn. 2: 18-24)
La afirmación del Señor fue: “No es bueno que el hombre este solo” (vs. 18) y si Él lo dijo no pude
haber equivocación en ello. Por eso le dio una ayuda idónea, porque no es bueno que este solo,
pero tampoco que este mal acompañado, como se ha hecho tan normal en nuestros días, cosas de
las cuales deberíamos avergonzarnos y no participar en ellas.
Encuentro notable que, entes de establecer un pueblo o una iglesia, Él fundó una familia (vs. 24)
detalle que luego en sus mandamientos ratificó. También debemos observar que el primer logro
alcanzado por el diablo en su enfrentamiento con el ser humano fue destruir sus relaciones. Entre
ellos (Gn. 3: 7) y entre ellos y Dios (Gn. 3: 8) Así hoy en día destruye sutilmente las comunidades
cristianas. No necesita crear un alboroto en toda la congregación reunida o en toda una
denominación, simplemente destruye las relaciones individuales de unos con otros. Nuestro
adversario es astuto y sabe muy bien que….
2. Las buenas relaciones nos unen y nos hacen más fuertes (Ex. 17: 8-13)
Compañerismo es un distintivo de poder en una buena alianza. Cuando nos relacionamos
correctamente nos lleva a la unidad y así aumenta nuestro éxito y la capacidad de victoria. Los que
viven solitarios siempre están en desventaja. (Ecl. 4: 7-12)
3. Dios se ocupa y preocupa por que nuestras relaciones estén en orden (Mt. 5: 21-24)
Fijémoslo en su demanda para que nuestras ofrendas sean aceptadas:
“23 Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene
algo contra ti, 24 deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano;
luego vuelve y presenta tu ofrenda” (vs. 23-24) (negritas añadidas)
No es solo para cuando tú tengas problemas con tu hermano, sino también para cuando sea tu
hermano el problemático, aun cuando no tenga razón. Nuestra ofrenda no es bien aceptada
mientras sigamos con rencores, odio y amargura los unos para con los otros. Debemos
reconciliarnos para levantar sin obstáculos olores fragantes a la presencia de nuestro Dios y
redentor.
Vale la pena destacar que aquí hay tres dimensiones de problemas interpersonales:
a. Enojarse sin causa: Hay dos palabras en griego para “enojarse”: (θυμόω – thumóo) y
(ὀργίζω – orguídzo) La primera se refiere a la pasión, o reacción del momento, mientras que
la segunda, usada en este texto, se refiere al enojo que se deja cultivar y crecer, y que muchas
veces tienen orígenes mal fundados. De estos tenemos muchísimos que también nombramos
como “malentendidos” Son muy destructivos y nos cuesta muchísimo trabajo y tiempo el
corregirlos. Más bien somos propensos a albergarlos en nuestro corazón, donde producen
raíces de amargura (Heb. 12: 14-15) Jesucristo dijo que albergar esto conlleva juicio.
b. El que insulta: Este es un nivel más avanzado, es el enojo que progresa y se exterioriza
llegando a ofender con palabras a su hermano. Cuando el enojo nos domina decimos cosas
que hieren con mucha gravedad. Es por el hecho de que la ira ciega y no pensamos ni
analizamos lo que hablamos. Bien nos aconseja la palabra que más bien seamos lentos para
hablar y prontos para escuchar (Stg. 1: 19-20) Quienes incurren aquí también será juzgado.
c. El que maldice: En otra traducción el que le dice “fatuo” que significa excluido o rechazado,
por eso se ve como una maldición. Esto se produce cuando se ha acumulado ya mucha ira
dentro del corazón y se manifiesta de manera impulsiva, dominando hasta la razón.
El primer grupo parece el más sencillo, pero cuando se acumula este enojo se avanza, en la
mayoría de los casos, hasta el último nivel. Jesús dijo que quien maldice se sujeta al juicio en el
infierno. La pregunta sigue siendo: ¿Está verdaderamente Dios tan interesado en la manera en que
nos relacionamos?
4. Hay otro personaje que también está atento a la manera en que nos relacionamos: El diablo
(Ef. 4: 26-27)
El está al acecho, observando y mirando a escondidas y con cuidado a ver como nos comportamos
con los demás. Es conocedor de que, cuando tú y yo nos pelamos y guardamos resentimientos,
tiene el acceso permitido por Dios (y entregado por nosotros) para intervenir en el asunto y
molestarnos. Y no pensemos que para bien, sino que su objetivo malévolo es ponernos bajo juicio y
condenación; quiere estorbar la bendición de Cristo en nuestras vidas.
5. El perdón es importantísimo para tener relaciones saludables (Mt. 6: 14-15)
Somos concientes de no siempre poder evitar los desacuerdos ni los malentendidos, pero si
debemos tener algo constantemente presente para que nuestro adversario no nos gane ventaja: El
saber perdonar. Donde no hay perdón crece el odio día por día, y a su vez el gozo, la paz y la
libertad se van apagando de igual manera. No es ese el deseo de nuestro Dios y por eso nos alerta
sobre estas negativas consecuencias.
CONCLUSIONES
6: La razón principal para que tengamos buenas relaciones los unos con los otros es Jesucristo
(2 Cor. 5: 18-19)
Una de las cosas que más me agradan e impactan de mi Salvador es que en todo lo que demanda
Él es el mejor ejemplo. Fue suya la iniciativa de reconciliarse con nosotros enviando a su Hijo
unigénito a esta tierra a morir en nuestro lugar, eliminando así lo que impedía que se restaurara
esta tan maravillosa relación con y Él. Nuestro Cristo tuvo el valor y la humildad de humillarse
hasta lo sumo para ganar nuestra paz para con el Padre, sacarnos de la lejanía del reino de Dios, y
quitar la condenación que pesaba a causa de nuestros pecados (Rom. 5: 1)
En Jesucristo Dios no tomó en cuenta nuestros pecados para así reconciliarnos consigo mismo. Y
si Él lo hizo teniendo todo el derecho, la justicia y las razones suficientes para no relacionarse
contigo y conmigo, ¿Quiénes somos nosotros y que hemos hecho de bueno para resistirnos a
restaurar las relaciones con los demás? ¿Qué razones de peso tenemos para resistirnos a perdonar
y amarnos sinceramente?
Ni siquiera es válida la posibilidad de decir que no podemos, porque en Cristo hay poder para
cumplir con la voluntad de Dios (Fil. 4: 13) La cuestión está en tomar buenas decisiones, teniendo
la seguridad de contar con su ayuda. La clave está en lo importante que es para nosotros la
relación con Dios y cuanta pasión hay en nuestros corazones por agradarle y cumplir con su
propósito. Él quiere derramar de su amor en nosotros para tener relaciones saludables los unos
con los otros. Debemos decidirnos por tomar de ese amor y considerarlo como un tesoro muy
preciado, permitiéndole así que fluya en nuestras vidas. Esta es la mejor solución.
“Sobre todo, vestíos de amor, que es el vínculo perfecto”
¡Dios le bendiga y le ayude a cumplir este propósito!

