ÉL ME LO PROMETIÓ Y YO LE CREO

TÍTULO: ÉL ME LO PROMETIÓ Y YO LE CREO. Aprendamos a confiar.
TEXTO: (2 Ped 1: 4)
TEMA: CONFIANZA EN LAS PROMESAS DE DIOS

INTRODUCCIÓN
¿Para qué creemos que Dios nos ha dejado sus promesas? ¿Qué debemos hacer
con ellas?
Una promesa es la expresión de la voluntad de dar a alguien o hacer por él algo.
Predicción, pronóstico, indicio o señal que hace esperar algún bien.
Cuando queremos que los demás nos crean simplemente nos comprometemos, y si es
posible, le juramos para tratar de impresionarles. Pero el Señor no tiene necesidad de
eso porque es, por naturaleza, siempre fiel y justo. ¿Por qué nos deja entonces sus
promesas? Para que nosotros podamos entender y experimentar su fidelidad y así
crezcamos dentro de sus propósitos, esto entre otras muchas cosas.
Dios nos ha entregado a nosotros nada más y nada menos que “preciosas y grandísimas
promesas” con un propósito noble. A través de ellas podemos huir de la corrupción que
hay en el mundo y ser partícipes de la naturaleza divina.
¿Qué debemos hacer tú y yo con las promesas que se nos han dejado? (leer Rom. 4: 16-25)

I. Conocer sus promesas (vs. 18)
Dios le ha advertido a su pueblo en repetidas ocasiones lo que le dijo una vez a Israel
(Os. 4: 6) Al desechar sus palabras y no ocuparnos de ellas vamos no solo camino a la
destrucción, sino que al mismo tiempo matamos nuestra esperanza. Esta virtud
fundamental se alimenta y sustenta de promesas. Uno solamente espera lo que
previamente se le ha informado y aun no se ha cumplido, y como reza la conocida frase
proverbial: “La esperanza es lo último que se pierde” y yo digo que quien vive sin
esperanza le queda poco entre los vivos. Pero también quien poco espera poco recibe y
quien mal espera se decepcionará. Nuestra seguridad y plenitud de vida radica en
conocer lo que el soberano ya ha determinado, ya que todas sus promesas son sí y amén
(2 Cor. 1: 20)

II. Conocer quien hace las promesas (vs. 17, 21)
Las promesas son más creíbles cunado se conoce al que promete. Lo determinante no es
la magnitud de las promesas, sino la naturaleza quien promete. Un hombre le puede
prometer a otro todo lo que quiera, pero la cuestión fundamental es si lo podrá cumplir.
A mi entender uno de los aspectos decisivos por los cuales no experimentamos
correctamente a bendición prometida de Dios es porque no nos dedicamos con la
intensidad necesaria al conocimiento de Dios. ¡Cuan fácil se mueve al pueblo de aquí
para allá con viento de toda doctrina! Solamente viviéramos afirmados en la verdad si
nos esforzáramos en conocer cada día más a Dios. De hecho este es el único motivo que
tenemos para gloriarnos (Jr. 9:23-24)

III. Un comportamiento adecuado (vs. 18-21)
a. Creer, aun contra toda esperanza (vs. 18)
Abraham creyó lo que Dios le había dicho y así fue como se afirmó en fe. Ahora, todos
sabemos que esto no es siempre fácil, sino que siempre conlleva a una lucha. Él tuvo que
luchar contra esperanza, esto es, contra toda esperanza de posibilidad humana y contra
la esperanza de los que le rodeaban. De hecho, la falta de fe de Sara lo hizo flaquear en
un momento determinado, pero el Señor fue misericordioso con él y le confirmó la
promesa mediante un pacto firme.

b. No comportarse como un incrédulo (vs. 20)
Un incrédulo es alguien que no tiene fe y por eso le cuesta muchísimo trabajo creer. A
estos les cuesta trabajo creer aun viendo, por eso la escritura dice que “no es de todos la
fe” (2 Tes. 3: 2) Los incrédulos vacilan ante las promesas, y si queremos ver las
grandísimas de Dios, no podemos comportarnos de se modo. Debemos acercarnos a
Dios con fe si queremos agradarle (Heb. 11: 6) Pero esto atañe no solo la manera de ver
las cosas, sino la de actuar. Las promesas de Dios deben movernos a un comportamiento
consecuente (2 Cor. 7: 1)

c. Afirmarse en fe dando gloria a Dios
La fe se afirma cuando la ponemos por obra. ¡Una fe que no obra es muerta y Dios es un
Dios de vivos y no de muertos! Viendo la historia de Abraham conocemos como se
desplazó en dirección a la promesa de Dios. Buscó tener descendencia y estuvo dispuesto
a sacrificar a su hijo Isaac (el hijo de la promesa), creyendo que Dios tenía poder para
resucitarle de entre los muertos (Heb. 11: 17-19) Afirmarse en fe conlleva que
depositemos toda nuestra confianza en el Señor, que le seamos fieles, y que aprendamos
a vivir seguros en Él.

CONCLUSIONES
El actuar en fe de Abraham le fue contacto por el Señor como justicia y por eso recibió lo
prometido. ¿Fue esto solo para el padre de la fe? No. Por la escritura entendemos que:
“23 Y esto de que «se le tomó en cuenta» no se escribió sólo para Abraham, 24 sino
también para nosotros. Dios tomará en cuenta nuestra fe como justicia, pues creemos en
aquel que levantó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor” (Rom. 4: 23-24) (NVI)
Si creemos firmemente en aquél que levantó de entre los muertos a Jesucristo, y
confiamos en que entregó a su Hijo por nuestros pecados y que luego lo resucitó por el
poder del Espíritu, entonces somos justificados al poner la fe en Él y alcanzaremos todas
las promesas que le ha otorgado a sus hijos. ¿Lo crees? Entonces actúa conforme a tu fe.
Levantémonos confiando en Dios y depositemos nuestras vidas completamente en sus
manos porque ciertamente cuida de nosotros.