Cambiando la apatia por el fervor
TÍTULO: BÁJATE DEL TREN DE LA MEDIOCRIDAD
TEXTO: (Ap. 3: 14-22)
INTRODUCCIÓN
Este pasaje fue escrito a una comunidad de creyentes, aunque frecuentemente se use para
la obra evangelizadora. Es el mensaje para una iglesia que se había vuelto apática,
conformista y mediocre, a tal punto que el Señor decidió quedarse fuera y llamar la
atención tocando a la puerta. Y mi opinión no es que lo sacaron o que no le dejan entrar
como la mayoría de las veces se interpreta. Él es soberano y puede hacer lo que le parezca
(Sal. 115: 3) no hay quién cuestione sus actos ni que le diga lo que tenga que hacer
(Dan. 4: 35) ni quien le de consejos (Job 9: 12) (Rom. 9: 20) sino que Él ha decidido no
mezclarse ni manifestarse en medios como esos. De allí que dice: “estoy por vomitarte de
mi boca”
Lo asombroso del caso es que ese mismo mensaje se mantiene en la actualidad para una
gran parte del pueblo de Dios que vive igual que aquella iglesia de Laodicea, y estoy
convencido de que el Espíritu de Dios levanta este mensaje en nuestra congregación antes
de que comience el próximo año 2007. No como un toque de amenaza, sino como otra
muestra de misericordia:
“Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Por lo tanto, sé fervoroso y arrepiéntete”
(Habar de lo que el Señor me mostró un día en medio del tiempo de alabanza y adoración)
DESARROLLO
Primeramente quiero mencionar la definición de mediocre:
De calidad media, de poco mérito, tirando a malo
Quien está viviendo en la mediocridad lleva una vida sin calidad meritoria, y con más
cercanía al nivel malo que al bueno. No es que se quedan en el medio con un 50-50, sino
que va rumbo a lo negativo. ¿Por qué? Porque con Dios no hay términos medios. Como lo
anuncia en el libro de la revelación: “Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente.
¡Ojalá fueras lo uno o lo otro!” (Ap. 3: 15)
La mediocridad nos devora por tres factores cruciales:
1. Por volvernos conformistas
Porque simplemente nos da lo mismo lo que suceda; si sale bien, y sino también. No es de
nuestro interés ver la mano poderosa del Señor actuando en nuestro medio ni que se haga
una realidad todo lo que la Biblia nos muestra. Así nunca veremos la gloria prometida a los
hijos de Dios para este tiempo (Sal. 111: 2)
2. Por no poner pasión en lo que hacemos
No hay ni vigor ni energía en nuestros actos, sean para el Señor o para nuestra vida
cotidiana. Simplemente la mediocridad nos está mordiendo (Prov. 13: 4; 22: 29)
3. Por vivir dominados por el mundo
Los papeles están invertidos: En ves de contagiar nosotros al mundo, es el mundo quien
nos está contagiando a nosotros. ¿Acaso no somos la sal de la tierra encargados de ponerle
sabor, y la luz del mundo para alumbrar estas tinieblas? Pero no está siendo el caso porque
queremos hacer simultáneamente lo que le agrada a Dios en la congregación, pero no ser
diferentes al mundo cuando entramos en contacto con él. En este pensamiento vagan
muchos cristianos pensando que es posible, pero viven una mentira (Stg. 4: 4)
¿Cómo salir de la mediocridad? ¿Cómo bajarnos de se tren?
A. Antes de dar algunos consejos prácticos de que hacer para mejorar nuestra condición,
es preciso destacar algo fundamental en este proceso: La necesidad de una sustitución.
(Efe. 4: 22-23) (Este principio es bien remarcado en el N. T. Rom. 13: 12, Col. 3: 8-12 y en
nuestro pasaje de Ap. 3: 17-19)
Sustituir es un proceso que consta de tres momentos: Quitar, preparar y poner. Se necesita
primeramente quitar la vieja manera de vivir, los patrones antiguos que regían nuestra
conducta. Violar este paso no nos dejará avanzar nunca, sino que producirá un stress que
puede llegar a ser enfermizo. Luego preparar nuestras vidas para recibir de Dios. Esto se
logra cambiando nuestra manera de pensar y nuestra disposición para emprender un
nuevo estilo de vida. (La relación con el Espíritu Santo y la palabra de Dios es fundamental) Y
luego poner la nueva naturaleza, que está creada a imagen de Dios y capacitada para
seguir sus indicaciones de cual es la manera adecuada de vivir. Entonces debemos
esforzándonos por alcanzar aquello que Dios nos ha prometido.
B. ¿Cómo cambiar? Ahora veamos métodos útiles y dinámicos para alcanzar vivir al
máximo la vida en abundancia que Jesús ciertamente vino a otorgarnos.
1. Busca la excelencia
No te conformes con poco, siempre busca el máximo. Alguien dijo que “la excelencia
nunca es un accidente; siempre es el resultado de una elevada intención, un esfuerzo
sincero, una dirección inteligente y una ejecución habilidosa” Rendir al máximo siempre
es la consecuencia de una determinación firme por alcanzar todo el potencial que se posee.
Hubo un Rey en Israel que marcó la diferencia en relación a sus antecesores y sucesores
postsalomónicos. El Rey Ezequías. De todos los reyes (después de la época de Salomón) es a
este a quién más atención se le da en las escrituras. ¿Por qué? Hay un versículo que nos da
esta información (2 Cr. 31: 21) En todo lo que Ezequías intentó para el servicio de Dios fue
fervoroso y decidido. Como resultado fue consecuentemente prosperado. Si tenemos la
misma actitud, sea que tengamos poco o mucho, seremos de igual manera bendecidos.
2. Esfuérzate por recibir todo lo que el Señor te ha prometido, no te conformes con menos (1 Cor. 2: 7-10) (Rom. 8: 32)
Dios está dispuesto a bendecirnos con todo lo mejor y el sacrificio de Cristo es prueba de
ello. Es por eso que nos ha dejado innumerables y maravillosas promesas con su fidelidad
como sello para su cumplimiento. Pero como citamos anteriormente del Sal. 111. 2 estas
obras son buscadas por los que las quieren. Estas grandes cosas son descritas como
misterios y han de ser reveladas por el Espíritu. Primero deben ser conocidas (para saber lo
que esperamos de Dios) y luego buscadas con fe (es la vía para recibirlas)
3. Invierte en tu relación con Dios (Jn. 17: 3)
El único que nos puede abrir el entendimiento para darnos cuenta de nuestro estado
actual y otorgarnos por gracia la capacidad y el poder para cambiar es Jesucristo. Y es ese
mismo soberano fiel y verdadero es quien nos está llamando la atención pacientemente
tocando a la puerta. Nos dice “se ferviente y arrepiéntete…compra de mí”. Pero hemos de
invertir en esta relación.
Tiempo: ¿Tiene el Señor un tiempo dedicado en nuestra agenda? ¿Separamos algo
para Él o simplemente le damos lo que nos sobra? Para muchos es suficiente de
domingo en domingo. Eso es vivir de las migajas que caen de su mesa.
Recursos: Lo material que poseemos (principalmente el dinero) pueden ser muy buenos
servidores, pero son tiranos como amos. Debemos controlarlos y no dejar dominarnos
por ellos (1 Tim. 6: 10) La mejor manera de mostrares quién es el #1 en nuestras vidas
es poniéndolos al servicio de nuestro Dios. Si no lo hacemos siempre van a entrar en
competencia contra nuestra fe.
Talentos: El mismo Señor nos ha dotado de talentos y dones para adiestrarnos en la
vida. Tenemos la responsabilidad de manejarlos bien porque se nos pedirá cuenta de
que hicimos con ellos cuando vayamos a la presencia de Dios (Mt. 25: 14-30) Cuando
disponemos todo al servicio de nuestra relación con el Señor, es un material valioso
con el cual el Espíritu Santo puede trabajar para la gloria del Padre y la honra de
Jesucristo.
CONCLUSIONES
¿Y no es que nuestro Señor Jesucristo es digno de que hagamos estas cosas?
¿No será que fue el quien primeramente demostró cuanto representamos para Él?
¿No es que el Padre ya demostró su amor para con nosotros y lo continúa haciendo?
De lo que estamos hablando no es de algo extra o especial que debemos hacer. No es
ninguna limosna lo que le debemos dar a Dios como si Él tuviera necesidad de algo. Tan
solo es lo que de manera justa el se merece, y ni siquiera nos bastarían 1000 vidas como
estas para repagar toda la bondad que ha tenido para con nosotros. Y a final de cuentas,
salir de la vida mediocre a quien más nos favorece es a nosotros mismos. Pero hemos de
hacerlo con la mira puesta en darle a Él honra y gloria.
Vivir para Cristo es una de las maneras más hermosas de expresarle nuestra gratitud por
su inmensa misericordia y su inigualable gracia. Entreguemos de una vez y para siempre
nuestros corazones a aquel que es digno de recibirlo como ofrenda.
“Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando
gracias a Dios el Padre por medio de él” (Col. 3: 17)

