Dar y recibir
TEMA: DAR Y RECIBIR
TEXTO: “ 7Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. 8Sanad
enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis,
dad de gracia” (MAT 10: 7-8) (RV)
PARA DAR HAY QUE RECIBIR PRIMERO
INTRODUCCIÓN
Dios nos ha dado la promesa de que nos prosperará en todo lo que hagamos y emprendamos. A
veces nos preguntamos ¿Porqué lo hace? Entendemos que es porque Él lo prometió y es fiel a sus
palabras; porque nos ama de tal manera que no llegamos a entenderlo. Pero también hay otro
motivo que mueve el corazón compasivo de Dios. (Leer el texto principal)
Él quiere extender sus bendiciones a otras personas al igual que hizo con nosotros,
¿Y qué manera fue la escogida? Nada más y nada menos que “tu y yo” Si, somos encargados y
privilegiados en extender la gracia de Dios a nuestros semejantes, su amor, su ternura, su paz, sus
cualidades, su benevolencia. ¿Y como es que yo podré hacer semejante cosa? ¿Te sientes bien hermano?
Me preguntarás, pero quiero que veamos algo juntos.
DESARROLLO
“ 1Pedro y Juan subían juntos al Templo a la hora novena, que era la de la oración. 2Había
un hombre, cojo de nacimiento, que era llevado y dejado cada día a la puerta del Templo
que se llama la Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban en el Templo. 3Este,
cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el Templo, les rogaba que le dieran
limosna. 4Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. 5Entonces él los miró
atento, esperando recibir de ellos algo. 6Pero Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que
tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. 7Entonces lo tomó
por la mano derecha y lo levantó. Al instante se le afirmaron los pies y tobillos; 8y saltando,
se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el Templo, andando, saltando y alabando a
Dios. 9Todo el pueblo lo vio andar y alabar a Dios” (HCH 3: 1-9) (RV)
Pedro y Juan subían a la iglesia al igual que tu y yo lo hacemos en días de culto, estudios bíblicos
y oración, y se encontraron con un necesitado.
¿No nos tropezamos nosotros también a diario con uno o varios de ellos?
Interesantemente el historiador Lucas nos da detalles del asunto. Este hombre no iba a la puerta
del templo por si solo, sino que lo llevaban hasta allí. A lo mejor ni quería ir a ese lugar, pero parece
que los que le llevaban conocían de las buenas obras que se estaban haciendo en la casa de Dios y
tenía un objetivo definido: recibir ayuda financiera para solucionar de alguna manera su limitación
(vs. 2) ¿No te suena familiar este cuadro?
Entonces al ver a Pedro y a Juan les rogaba para que le dieran limosna, que le dejara caer algo. Él
estaba esperando recibir algo de los Apóstoles. Si es que se hablaba mucho de la buena iglesia que
se había fundado en Jerusalén, se suponía que tuvieran algo bueno. Así piensan también hoy en
día, la gente tiene idea de que en las iglesias se reciben cosas buenas de los “santitos que se reúnen
los Domingos” Examinemos la reacción de los Apóstoles:
1. Fijando en él los ojos. Atendieron a la necesidad, le prestaron la debida atención. De igual manera
tenemos nosotros que fijar la vista en los necesitados que nos rodean. Jesucristo mismo dijo hace
miles de años atrás:
“¿No decís vosotros: “Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega”? Yo os digo: Alzad
vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (JUAN 4: 35) (RV)
2. Le dijo: Míranos. Entonces él estuvo atento esperando recibir de ellos algo. Ellos cautivaron su
atención. Si queremos ser instrumentos trasmisores de la gracia de Dios hemos de cautivar la
atención de los receptores y crear en ellos la expectativa de que aquí encontraran lo que realmente
están necesitando.
“No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret,
levántate y anda”
¡Qué declaración de fe! Primeramente respondieron a su pregunta y le hicieron ver que no estaba
buscando lo que realmente necesitaba su vida; y se lo otorgaron.
¿Qué le dieron los Apóstoles?
R/ ¡Lo que tenían!
No podremos nunca dar algo que no tenemos. Entonces, para poder dar tenemos primeramente
que haber recibido algo. Si queremos dar más de Dios hemos de recibir más de él; de otra manera no
funcionará. Es posible que al igual que este cojo muchas personas estén tocando a nuestras puertas
en busca de algo aunque sea equivocadamente. Pero si no tenemos la capacidad de aclararles el
camino y de ofrecerle lo que verdaderamente necesitan, su frustración vendrá a ser peor de lo que
antes era y eso no contribuye a la causa de Jesucristo, sino que pondrá su nombre en tela de juicio.
3. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos. Pedro y
Juan ayudaron a aquel hombre a levantarse y a afirmarse. Es nuestra responsabilidad levantar a las
personas y afirmar sus caminos en el nombre de Jesús.
¿Acaso no tenemos el mismo Dios de los Apóstoles? ¿Se ha cortado su mano?
“He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para
oír” (ISA 59: 1) (RV)
4. y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo. El que se sentaba simplemente a
la puerta pasó a formar parte del culto. Es una meta seguir logrando esto, que no solo se queden
afuera pidiendo, sino que entren y participen de nuestra celebración y bendición. Esto es algo que se
espera como resultado del trabajo del Espíritu de Dios a través de nosotros.
5. andando, y saltando y alabando a Dios. El que no podía andar por su propia cuenta, ahora entraba
por sus propios pies; y no solamente caminaba, sino “saltaba” dentro del templo. Antes no entraba
a la casa de Dios y ahora lo alababa con todas sus fuerzas.
(Aquí vemos en el Nuevo testamento a alguien saltando y alabando a Dios en medio de su
templo y algunos dicen que solo se hacía en tiempos del Rey David)
Esto nos habla de vidas transformadas y renovadas por la presencia y la acción de Dios. También
existimos para eso. No es nuestra única función dar sermones ni cansar a la gente con solo
palabras, de eso están empachados, ellos buscan algo que los cambie, que los saque de su parálisis.
Eso solo sucederá cuando experimenten el poder de Dios. Y entonces comenzaremos a celebrar a
nuestro Dios alabando su nombre con todo nuestro ser. ¡Aleluya!
6. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios....y se llenaron de asombro y espanto por lo que había
sucedido. Su testimonio fue visto y comentado por todo el pueblo. Notaron que dentro de ese
templo había algo fuera de lo común. La obra de la iglesia se debe hacer notar en la ciudad, los
testimonios de su accionar deben ser conocidos por todos.
Las vidas convertidas por Jesucristo deben ser noticia en cada localidad donde su cuerpo este
trabajando. Cada vez que leemos que Jesús entraba en una ciudad conocemos que toda la localidad
era sacudida por su presencia. Tanto los más ricos como los más pobres, los más dignos y los más
impuros, todos notaban que Dios visitaba su ciudad. Nosotros somos su cuerpo, encargados en
estos tiempos de realizar ese trabajo.
¡Es hora de llenar de asombro y de espanto nuestra ciudad!
CONCLUSIONES
Pero si no recibimos nosotros primeramente de Dios, ¿Qué le vamos a ofrecer a los demás? Si no
recibimos bendición, ¿A quién podremos bendecir? Recordando a aquel cojo, él estaba esperando
dinero de los Apóstoles, si lo hubiera recibido ¿Hubiera cambiado su situación? Hubiera seguido
siendo cojo, arrastrándose, dependiendo de otros y posiblemente lo leyéramos en los próximos
capítulos pidiendo limosna nuevamente en la puerta.
Hoy las personas están desesperadas buscando alivio, ellos ni saben que es lo que más les ayuda,
solo quieren salir de su mal estado. Si no le entregamos lo que los puede cambiar no los
ayudaremos. No es solo darle lo que quieren, sino lo que realmente les conviene. Dios quiere superar
sus expectativas, es la única manera que los liberará.
Me he tropezado con algunos que piden limosnas en las calles, pero es para comprarse drogas,
bebidas alcohólicas, cigarrillos. Dándole limosnas no los sacamos de ese estado, eso no es
realmente lo que más necesitan aunque sea una obra buena a los ojos de muchos.
¿Cuantos no van a terapias médicas especiales para dejar esos vicios y luego de un determinado tiempo
vuelven a caer en lo mismo?
Allí los siguen tratando con las mismas drogas para sacarlos poco a poco. O,
¿Cuantos han intentado dejar el cigarrillo o el alcohol y es solo cuestión de tiempo su recaída?
Solamente cuando le digamos como Juan y Pedro “No tengo oro ni plata, pero de lo que tengo te
doy” es que ellos podrán levantarse liberados de esos yugos y saltar de regocijo alabando al Dios
todopoderoso que los sacó de su parálisis.
Las palabras que el Apóstol Pablo le escribió a la iglesia que había fundado en Éfeso son muy
válidas para estos tiempos que vive el pueblo de Dios:
“ 14Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará
Cristo. 15Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,
16 aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. 17Por tanto, no seáis insensatos,
sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. 18No os embriaguéis con vino, en lo cual
hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, 19hablando entre vosotros con salmos, con
himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones;
20 dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor
Jesucristo” (EFE 5: 14-20) (RV)

