Donde esta depositada realmente mi confianza

TEMA: CONFIANZA EN DIOS
TEXTO: “El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El SEÑOR es el baluarte de mi
vida; ¿quién podrá amedrentarme? Cuando los malvados avanzan contra mí para devorar
mis carnes, cuando mis enemigos y adversarios me atacan, son ellos los que tropiezan y
caen. Aun cuando un ejército me asedie, no temerá mi corazón; aun cuando una guerra
estalle contra mí, yo mantendré la confianza”  (SALMO 27: 1-3) (NVI)
TÍTULO: ¿DÓNDE ESTÁ DEPOSITADA MI CONFIANZA?

INTRODUCCIÓN

La palabra Confianza tiene varias definiciones, por ejemplo:
->Ánimo, aliento, valor para obrar.
->Seguridad que alguien tiene en sí mismo.
->Se dice de una persona con quien se tiene trato íntimo o familiar.
Pero también se define de otra manera que es la que nos ocupa en este estudio:
->Seguridad que uno tiene de sí mismo, en otra persona o en alguna cosa.
(Leer el texto principal)
Esta declaración de confianza no la escribió un hombre gozando de tremendas
comodidades, ni en plena paz; sino que por el contrario estaba siendo asediado por sus
malignos enemigos que le angustiaban y querían matarle. Pero precisamente es en
momentos como esos que se da a conocer verdaderamente donde está depositada nuestra
confianza.
Todo hombre se ve necesitado de confiar en alguien o en algo, más en estos días donde
nuestras sociedades se tornan más inseguras y no se logra encontrar un rombo claro y
definido de las cosas. Este asunto lo podemos detectar con el simple hecho de fijarnos en la
vida un niño. Cuando nacen son ajenos al mundo donde un día se desenvolverán, así es
que no conocen el peligro ni el temor. Hacen fácilmente cosas desafiantes sin pensar en las
consecuencias. Pero en cuanto empiezan a crecer, y a través del contacto con la sociedad,
toman noción de lo que les espera afuera. Al notar que existe peligro por todos lados
buscan alguien o algo donde refugiarse. Algunos (como el mío) buscan de los padres para
sentirse protegidos, y otros se esconden o aíslan para evitar en enfrentamiento con las
dificultades. Nosotros ya mayores hemos experimentado que de las dificultades y los
peligros, por muchos que intentemos, no nos podremos escapar.
Y en esta atmósfera hay dos cosas, que aunque antagónicas, están continuamente en
nuestro diario andar. Estas son la duda y la esperanza. En nuestros días las cosas se están
viendo opacas y en esta incertidumbre buscamos algo que nos dé esperanza para poder
verlas de manera diferente. Aquí interviene el creador de todas las cosas para imprimir su
nota de amor y ayudarnos a cambiar nuestro futuro. El mismo Jesucristo fue el encargado
de sellar esta nota de Dios; nos habló de algo muy importante de su ministerio:
“Algunos de los que vivían en Jerusalén comentaban: «¿No es éste al que quieren matar?
Ahí está, hablando abiertamente, y nadie le dice nada. ¿Será que las autoridades se han
convencido de que es el Cristo? Nosotros sabemos de dónde viene este hombre, pero
cuando venga el Cristo nadie sabrá su procedencia.» Por eso Jesús, que seguía enseñando
en el templo, exclamó: ¡Con que ustedes me conocen y saben de dónde vengo! No he venido
por mi propia cuenta, sino que me envió uno que es digno de confianza. Ustedes no lo
conocen, pero yo sí lo conozco porque vengo de parte suya, y él mismo me ha enviado”
(JUAN 7: 25-29) (NVI)
De igual manera nos dijo que él ha venido para que creyendo en él no nos perdamos, sino
que hallemos vida eterna. Él nos trae un mensaje claro de Dios: “Confíen en mí que yo los
sostendré, pongan en mí su esperanza y sus vidas tendrán sentido”

DESARROLLO

No sé si tu vida está pasando por un momento en el cual tu confianza está siendo
probada, o si estás buscando algo donde poner tu fe para vivir confiadamente y lleno de
esperanzas. Lo cierto y demostrado es que todos, y cada uno sin excepción vivirán, en
cierta medida, un momento donde quede claramente demostrado donde está anclada su
confianza. Yo quiero compartirte algo para que conozcas en quién creemos. En las
sagradas escrituras hay historias reales que ya ocurrieron, pero que se repiten más de lo
que nos podamos imaginar.
En tiempos donde dominaba el imperio babilónico la mayor parte del mundo conocido,
había tres jóvenes judíos que servían y tenían ciertos privilegios dentro del reino de
Nabucodonosor, rey de Babilonia. Estos guardaban las costumbres del Dios de sus padres y
se propusieron no adorar a ningún otro Dios que no fuera Yahveh. El arrogante rey decidió
construirse una estatua de oro para que bajo su orden todos en su dominio le adoraran
postrados ante ella. La orden se difundió por todo el estado y determinaron que todo aquel
que no la cumpliera sería echado inmediatamente en un horno de fuego ardiente. Leamos
que pasó(DANIEL 3: 8-18; 19-29)
La moraleja es grande y el mismo orgullosos rey lo tuvo que declarar con sus labios:
Cuando ponemos la confianza en el Dios verdadero, no hay otro que pueda librar como él.
Tenemos también la historia de dos hermanas, una llamada Marta y la otra María, que
pasaban por una situación muy difícil. Su hermano se estaba muriendo. Ellas vivían en el
tiempo donde Jesucristo estaba desempeñando su ministerio terrenal ungido por el poder
de Dios; sanando todo tipo de enfermedades y dolencias, levantando a los caídos con
palabras de esperanza y vida eterna. Ellas mandaron a por él. Cuando le informaron al
Señor les respondió que en ese momento no iría. La situación para ellas sería más
dramática porque el hermano que estaba moribundo no era un extraño para Jesús, sino
alguien con quien tenía una profunda amistad. El maestro solo acudió después de cuatro
días después que Lázaro había muerto (JUAN 11: 17-44)
Aquí encontramos tres tipos de personas que se reflejan también en la actualidad:
1. Unos como Marta que dicen creer en Dios y confiar en él plenamente, pero en medio de
situaciones difíciles se tambalean y actúan igual a los demás. Llegan hasta criticarle y
culparle de las cosas.
Ej. Me recuerdan a mi abuelita que dice creer en Jesús cuando le hablo, pero luego le pide
a la virgencita y dice que es quien la guarda.

2. Otros que como los demás judíos presentes en estos hechos, que ni creen en Dios, ni le

dan una oportunidad en sus vidas para demostrar la veracidad de sus palabras y sus
promesas, pero siempre le están criticando. Ellos prefieren quedarse desde afuera en su
inseguridad, antes de ceder su corazón a confiar en Jesús. Pero algo si tienen, cuando
ocurre algo malo no dudan en hacerlo responsable por ello.

3. Los que depositan su confianza y su corazón en Jesucristo como María, que esperan en él

en todo momento, pase lo que pase. Los que a pesar de las dificultades se deleitan en ir a
sus pies y adorarle reconociendo que él es digno y merecedor de toda nuestra alabanza.

CONCLUSIÓN

Esto no quita que exista momentos donde uno se sienta inseguro o temeroso de lo que
pueda suceder, solo que si nosotros real y totalmente le confiamos a nuestro Señor cada
cosa, si le entregamos nuestro corazón diciéndole: Pase lo que pase tu seguirás siendo mi Dios
y en ti confío, entonces le estamos confiando el control de nuestras vidas. Él ha sido fiel y ha
demostrado una y otra vez que en sus manos estamos seguros, que no hay nada que pueda
remover su amor para con nosotros. Pero para que lo experimentemos, rindámonos ante
su majestad y dejémosle actuar solo a él, porque ha decidido no compartir su gloria con
más nadie.
Hay una promesa que nos debería mover en todo momento:
“...si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó
de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero
con la boca se confiesa para ser salvo. Así dice la Escritura: «Todo el que confíe en él no
será jamás defraudado” (ROM 10: 9-11) (NVI)
“Alabado sea nuestro señor JESÚS en todo tiempo”