Posición y condición
TEMA: POSICIÓN Y CONDICIÓN
TÈXTO: (Col. 3: 1-17)
TÌTULO: NORMAS PARA UNA VIDA CRISTIANA
INTRODUCCIÓN
Estos versículos no describen otra cosa que nuestra nueva posición en Cristo y cual debería ser
nuestra condición. Como el cielo y la tierra son opuestos entre sí, no pueden seguirse al mismo
tiempo; y el afecto por uno debilitará y abatirá el afecto por el otro. Esto nos alerta de la
importante que es nuestro testimonio.
Ej. 1 (negativo) Lo que escuché en Cuba de alguien que vive en Bonn.
Ej. 2 (positivo) El testimonio de los que me predicaron el evangelio.
La indicación central del apóstol es buscar las cosas de arriba. ¿Por qué? y ¿Cómo? ¿Qué
representa esto? Estas cosas son las que están en Cristo, quien está a la derecha en el trono de
Dios. Veamos en la escritura las respuestas a estas interrogantes de importancia.
DESARROLLO
¿Por qué necesitamos buscar las cosas de arriba?
A. Por nuestra posición
Al nacer en la familia de Dios hemos adquirido automáticamente una nueva posición. Así como
cuando un niño nace en territorio alemán es por derecho alemán, quien nace dentro del reino de
Dios adquiere esta ciudadanía del cielo. Esta es descrita como:
Muertos al mundo y resucitados con Cristo
Estar muertos significa esto: que quienes tienen el Espíritu Santo, que mortifica en nosotros las
concupiscencias de la carne, y que somos capaces de despreciar las cosas terrenales y desear las
celestiales. Tal cualidad tiene nuestra nueva naturaleza. Esto implica tener la capacidad de
morir a la vieja manera de vivir y, por el poder de Dios que está en nosotros, vivir una nueva
vida conforme a la voluntad del Padre.
Nuestra vida está escondida en Cristo (Col. 1: 9-14)
El padre nos trasladó al reino de su hijo, quien nos prometió vida en abundancia y eterna. En
este traslado hay poder para ser fortalecidos en toda situación y se nos dio la facultad de
participar de la herencia prometida a los hijos de Dios. Esta nueva vida solo es en Cristo y
únicamente se manifiesta cuando estamos unidos a Él. Es lo que Él nos enseña: que estamos en
el mundo pero que no somos de él (Jn. 17: 14-16). Y también por eso separados de Él nada
podemos hacer (Jn. 15: 5).
Preparado para la manifestación de Jesucristo
Por nuestra nueva posición la persona de Jesucristo puede manifestarse en nosotros. ¡Que
privilegio! Él se da a conocer al mundo a través de nuestras vidas. Sin esta nueva posición esto
fuera imposible. La escritura revela que como todos pecamos estamos destituidos, privados de la
gloria de Dios. Esto significa que hemos perdido la gloria que en Dios deberíamos tener. Así
fuimos creados, a su imagen y semejanza. Pero al ser restaurados en nuestra relación con Dios
mediante Jesucristo, hemos sido renovados de manera tal que estamos nuevamente en
condiciones de experimentar y manifestar nada más y nada menos que la gloria misma de Dios
(Rom. 8: 18-21) Sabemos que esta plena manifestación se alcanzará cuando llegue el fin de los
tiempos, pero paulatinamente esa gloria se va perfeccionando cada vez más en nosotros
(2 Cor. 3: 17-18) Esto es un proceso donde cada día debemos ser renovados, haciendo morir
viejas actitudes e incrementando nuevas cualidades. Esto conduce a la respuesta a la siguiente
pregunta:
¿Cómo es que buscamos las cosas de arriba?
B. Ocupándonos de cambiar nuestra condición
Uno de los principales propósitos de Dios con nuestra nueva posición es que reflejemos la
imagen de su Hijo Jesucristo (Rom. 8: 29-30) Tan trascendental es que nos selló con su Espíritu
Santo para que Él pusiera y desarrollara su carácter en ti y en mi. Como instrumento
fundamental nos ha dejado en su palabra principios de cómo poner en funcionamiento estos
poderosos cambios. Reitero que es un proceso paulatino, pero crucial. Por lo tanto, debemos
ocuparnos diariamente de que esta nueva vida se evidencie en nosotros. Si estos cambios no son
visibles, nuestro testimonio no tendrá ninguna validez. Si nuestras vidas no llevan este mensaje,
nuestros mensajes no llevarán vida. ¿Conoces la frase “y eso que eres cristiano”? Siempre la
repetirán si tu condición no va acorde con tu nueva posición.
Ejemplos:
“¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta, mediante
obras hechas con la humildad que le da su sabiduría” (Stg. 3: 13)
“Mantengan entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el
mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el día de la salvación”
(1 Ped. 2: 12)
“Así mismo, esposas, sométanse a sus esposos, de modo que si algunos de ellos no creen en la
palabra, puedan ser ganados más por el comportamiento de ustedes que por sus palabras”
(1 Ped 3: 1-2)
Vimos la primera parte del pasaje fundamental de nuestro tema (Col. 3: 1-17) (los primeros 4
versículos) Estos nos animan a buscar las cosas de arriba en consecuencia con nuestra nueva
situación en Cristo. La siguiente porción (vs. 5-11) comienza con un “por tanto” (NVI) “por lo
tanto” (RV) indicando que lo que se va a exponer es la consecuencia obvia de tal posición en el
reino de Dios.
El consejo ahora es “haced morir las cosas de la carne” ¿Por qué? Porque ya se nos describió
como muertos a la manera de vivir que era contraria a los designios de Dios. Por lo tanto, para
vivir en la plenitud de vida en nuestra nueva naturaleza, hemos de hacer morir las costumbres
que le daban vida a la antigua, que estaba viciada y corrompida por deseos engañosos. La
manera efectiva para llevar a la muerte a las cosas propias de esa naturaleza terrenal es:
¡Abandonándolas! Abandonar significa: dejar, desamparar, dejar de ocuparse y de frecuentar,
descuidar los intereses. El Señor en su palabra nos ordena a desatender:
->Fornicación o inmoralidad sexual (πορνεία - pornéia) Esto es todos lo que se aplica a las
inmoralidades de tipo sexual, sexo fuera del matrimonio, o al conocido campo de la
pornografía.
->Impureza ( καθαρσία ἀ - akatharsía) Esto es suciedad, inmundicia, corrupción,
depravación. Se relaciona también con la sexualidad mal usada (Rom. 1: 26-27) Estos son
sentimientos que en ocasiones no se pueden gobernar porque se arraigan en el corazón, por
lo tanto, debemos hacerlos morir.
->Pasiones desordenadas (πάθος – páthos) Estas son pasiones trastornadas, eróticas.
También implica vicios descontrolados y emociones desmedidas.
->Malos deseos ( πιθυμίαν ἐ κακήν – epithumía kakós) Referido a deseos éticamente
negativos. Codicia, lascivia, lujuria. Deseos egoístas que no miran las consecuencias que
puedan tener los demás.
->Avaricia (πλεονεξία - pleonexía) No es más que ambición, deseo de tener más. No estar
conforme con aquello que suple nuestras necesidades y desear más. Esto es lo que conduce
al materialismo porque se aman más las riquezas. Jesucristo nos alertó de este peligro y de
cómo automáticamente nos conduciría a alejarnos de Dios (Mt. 6: 24) Para el Señor esto es
idolatría. Idolatría constituye un acto de adoración a un sujeto u objeto que sustituye a Dios.
¿Por qué abandonar estas cosas? Hay una razón de mucho peso para esto: Sobre los que
practican estas cosas viene la ira de Dios (Rom. 1: 18). Los que se conducen de esta manera son
caracterizados como “por naturaleza hijos de ira” (Efe. 1: 3) La Biblia nos recuerda que
nosotros estábamos también en estas condiciones (vs. 7), pero que Dios nos dio vida juntamente
con Cristo. Fuimos trasladados de posición, por lo tanto, hemos de abandonar estas prácticas
detestables.
Hay otra serie de actitudes que necesitamos abandonar porque tampoco son compatibles con
nuestra nueva naturaleza creada a imagen de Dios. Pablo no hizo aquí una lista exhaustiva de
todas las cosas que debeos abandonar. Son más bien ejemplos de formas negativas
pertenecientes a la pasada manera de vivir, la cual no agrada al creador, sino que provoca su ira.
->Enojo (θυμός - thumós) Furor, cólera, rabia, pasión intensa. Enojo es un movimiento del
ánimo que genera la ira. Alguien lo describió como una pasión hirviente.
->Ira ( ργή ὀ - orgé) Cólera que despierta un deseo de venganza. Es una naturaleza impulsiva
que conduce a desastres.
->Malicia (κακία - kakía) Iniquidad, sentimientos detestables que inclinan a hacer lo malo.
La maldad destruye la comunión y la convivencia. De ella está infectada la humanidad.
->Blasfemia o calumnia (βλασφεμία - blasfemía) Calumnia, disfamación. Significa
blasfemia cuando es contra Dios y calumnia cuando es contra los hombres.
->Palabras deshonestas o lenguaje obsceno (ασχρολογία ἰ - aiscrología) Conversación
vergonzosa, palabras injuriosas. Se dice de un lenguaje ofensivo, expresiones en forma
deshonesta y vulgar, palabras groseras. Este tipo de lenguaje corrompe al hombre
(1 Cor. 15: 33)
Todos los cambios propuestos hasta este punto fueron de manera personal, pero las normas de
la vida cristiana son mucho más profundas: También incluye nuestra relación con los demás. Ya
el segundo gran mandamiento más importante lo describe: “Ama a tu prójimo como a ti
mismo” (Mt. 22: 39) Siempre que los cambios influyan para mejoría personal muchos estarían
de acuerdo en ponerlos en práctica, aunque no sean creyentes, porque son para su propio
beneficio. La cosa se les complica cuando han de preocuparse de ser transformados a razón del
bien y la felicidad de otros. Es precisamente en estos aspectos donde el cristiano marca
notablemente la diferencia al vivir según las instrucciones del reino de Cristo.
->Dejen de mentirse unos a otros: Mentir es manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o
piensa. Es fingir, aparentar algo que no es. También incluye faltar a lo prometido o
quebrantar un pacto. Estas cosas debemos de eliminarlas de nuestras relaciones porque
inducen al error. La nueva identidad que adquirimos es a imagen e Cristo y por lo tanto no
tiene nada que ver con la mentira. Él mismo declaro ser la verdad (Jn. 14: 6)
->No hacer distinciones: No debemos hacer más distinciones de raza (griego ni judío) ni tener
perjuicios religiosos (circunciso ni incircunciso) ni de nivel cultural (culto ni inculto) ni
tampoco de clase social (esclavo ni libre) Cristo ha trascendido todas las barreras unificando
culturas, razas y naciones. Si se tuviera que reescribir este pasaje bien le podríamos añadir:
“ni bautista ni pentecostal, ni menonita ni carismático, ni metodista ni de la asamblea de
hermanos” Por lo tanto, tales distinciones pasaron a ser insignificantes porque ahora es
Jesucristo lo que importa. Pero solo cuando lo veamos desde esta perspectiva es que se hará
una realidad. De hecho es el deseo latente de nuestro Señor Jesús y así le oró a su Padre
(Jn. 17: 20-23)
Ocupándonos de esos cambios en nuestra conducta, con la ayuda de nuestro poderoso Dios,
veremos como nuestro comportamiento se parecerá día tras día más a la que Jesucristo
manifestó a los hombres cuando estuvo aquí en la tierra. Las personas nos llamarán entonces
cristianos no por religión, sino por manifestar la imagen del Cristo que han escuchado. Sin
haberte visto visitar una iglesia, confesarán que verdaderamente eres uno de ellos. Esto forma
parte de lo que el Apóstol Pablo describió como “concentrar la atención en las cosas de arriba”
Si buscamos tales cosas descubriremos que en nosotros aun hay mucho que cambiar. El
Espíritu de Dios hará evidente en nuestros corazones la incompatibilidad entre nuestra
condición y nuestra posición. Cuando el ministre estas áreas seamos humildes y obedientes,
arrepintiéndonos ante el Padre y pidiéndole que nos transforme, conforme a su propósito, más y
más a imagen de su Hijo Jesús.
¿Cómo es que se reflejan las cosas de arriba?
C. Ocupándonos de añadir a nuestra condición
“9 Dejen de mentirse unos a otros, ahora que se han quitado el ropaje de la vieja naturaleza con
sus vicios, 10 y se han puesto el de la nueva naturaleza, que se va renovando en conocimiento a
imagen de su Creador” (Col. 3: 9-10) (NVI)
No debemos quedarnos solamente en la parte del proceso que se ocupa de abandonar o hacer
morir las costumbres de la naturaleza pecaminosa y viciada, sino que debemos continuar en
añadir cualidades que son compatibles con nuestra nueva naturaleza. Esta tiene algo muy
peculiar: Fue creada a imagen de su creador. Ese es el plan glorioso que Dios diseñó para
nuestras vidas como está en (Rom. 8: 29-30) Él quiere desarrollar en nosotros las características
de su Hijo.
A la siguiente porción el apóstol le añade otro “por lo tanto” dejando conocer la razón del
mismo: “Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de…” (vs. 12) Dios
nos ha escogido por gracia y apartado para llevar una vida diferente. Dentro de las normas de
esta novedad cristiana hay cosas que debemos aumentar:
->Afecto entrañable: Lit. Entrañas de compasión. Afecto es una inclinación hacia algo o hacia
alguien. Lo que se nos está diciendo es que debemos tener una compasión que salga de lo
profundo de nuestro ser, similar a lo que el maestro sintió cuando vio a los hombres como
ovejas sin pastor (Mt. 9: 35-38)
->Bondad (χρηστότης - jrestótes): Benignidad, benevolencia, lo bueno, lo correcto,
honradez. Esto nos hace ser útiles, agradables y apetecibles.
->Humildad (ταπεινοφροσύνη - tapeinofrosúne): Virtud que consiste en el conocimiento
de sus propias limitaciones y debilidades y obrar de acuerdo a este conocimiento. En otros
lugares se describe como:
“Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo
con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado” (Rom. 12: 3) (NVI)
“3 No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como
superiores a ustedes mismos” (Fil. 2: 3) (NVI)
->Amabilidad (πρότης ᾳ - praótes): Mansedumbre, apacibilidad, dulzura. Ser afables y
afectuosos. Fuerza bajo control. Este control debe ser ejercido por el Espíritu Santo, solo así
podrá ser bien utilizada.
->Paciencia (μακροθυμία - makrothumía): Longanimidad. Capacidad de padecer o
soportar algo sin alterarse. Facultad de saber esperar algo. Dos versículos interesantes
acerca de la paciencia (Ecl. 10: 4) (Rom 12: 12) (Véase en la NVI donde se expone con más
claridad) Esto no es solo soportar por soportar, sino soportar luchando como es debido, en fe
y con la mirada puesta en nuestra esperanza. Luchar aguardando recibir lo que se nos ha
prometido.
Continuando con la frase “de modo que” la NVI da más claridad y fluidez a la enseñanza que
Pablo nos aporta en estos versículos. Todas las características mencionadas anteriormente y que
componen nuestra “vestidura” son personales, pero han de manifestarse en nuestra relación con
los demás. Esto significa que no tienen ningún valor si no las aplicamos en el trato de los unos
con los otros. Por eso debemos añadirlas y desarrollarlas de modo que podamos utilizarlas para:
->Soportarnos (Tolerarnos) los unos a los otros: Saber respetar las ideas de los demás aun
cuando son diferentes o contrarias a las nuestras. Estar listos a sufrir por otros mientras
esperamos serles de ayuda o enseñarles algo.
->Perdonarnos los unos a los otros: Remitir una deuda, ofensa o falta. Alzar una pena o
liberar de una obligación. Tratar generosamente. Es asimismo devolver, conceder, dar. El
verbo griego (χαρίζομαι - jarídsomai) también significa soltar a un prisionero. Esta
acción es poderosa cuando la hacemos a la medida que se nos pide: así como el Señor nos
perdonó. ¿Nos puso condiciones para morir por nosotros? ¿Se sentó a esperar a que
viniéramos a Él o tomó la iniciativa? Él es en todo nuestro modelo. Esto nos será solamente
posible si decidimos:
->Por encima de todo vístanse de amor: Las normas para una vida cristiana no es solamente
una lista de reglas que hay que cumplir, es sobre todo (y antes que nada) un amor con el cual
debemos vincularnos los unos con los otros. Este es el vínculo perfecto. Un amor a la altura
del Dios es desinteresado. Viene de una decisión más que de un afecto, sentimiento o de un
estado de ánimo.
->La paz de Cristo gobierne en nuestros corazones: No es lo que nosotros entendamos por
paz ni tampoco la paz que el mundo ofrece (Jn. 14: 27) Es la paz de Cristo quien debe regir
(lit. actuar como mediador) en nuestros corazones para que realmente actúe en todas
nuestras relaciones. Una paz que sobrepasa todo entendimiento (Fil. 4: 7) y que solo Dios
pueda dar porque está basada en Él.
->Ser agradecidos: Que se responde favorablemente al trabajo que se nos dedica. Ser
agradecidos en primera línea hacia Dios por lo que él es, por lo que ha hecho y por lo que
nos ha dado. La gratitud es una llave que abre muchas puertas. El Señor lo ha dado a
demostrar en repetidas ocasiones en su trato con el pueblo (Sal. 50: 7-15)
A modo de conclusión, Pablo nos lleva a la fuente donde podemos apoderarnos y mantenernos
en esta conducta. Para vivir verdaderamente siendo “para alabanza de su gloria” (Ef. 1:12)
resulta imprescindible que:
->La palabra de Cristo habite en abundancia: Se refiere directamente a las enseñanzas de
Jesús que se transmitían en aquel entonces, pero por implicación, incluye tanto en A.T.
como el N.T. Muchos tienen la palabra, pero habita pobremente en ellos y es esta la razón
por la cual que no se manifiesta todo su poder en ellos. Quien quiera lograr cumplir con las
normas propuestas, debe buscar que esta morada sea en abundancia o “en toda su
plenitud” como traduce la NVI. Cuando esto se da se manifiestan sus beneficios cuando nos
instruimos y aconsejamos con toda la sabiduría que el Señor nos bendice a través de ella. El
alma prospera cuando estamos llenos de las Escrituras y de la gracia de Cristo.
->Cantad con gracia en vuestros corazones: Los cánticos que se levantan al Señor son
verdadera alabanza y adoración cuando nacen de un corazón agradecido. Es por eso que
cuando cantamos debemos ser afectados por lo que cantamos. ¿Sabía ustedes que algunas
de las doctrinas más importantes se han expresado en forma de himnos? (Col. 1: 15-20)
(Efe. 5: 14) (Fil. 2: 6-11) (1 Tim. 3: 16) Aquí se nos enseña diversos tipos de cánticos:
Salmos, son los que conocemos del A.T. y quizás a varios de ellos la iglesia les añadió
música, como hace también la iglesia en la actualidad. También puede describir algún tipo
de canto compuesto especialmente para la adoración cristiana (1 Cor. 14: 26) (Aquí himno
es lit. «salmo») Himno era un canto de alabanza que se usaba sobre todo en alguna
celebración (Sal. 100: 4) (Heb. 2: 12) y Cánticos espirituales es cuando nosotros,
inspirados por el Espíritu de Dios, le expresamos honor, reverencia, gratitud, amor,
obediencia. En nuestras canciones podemos relatar las obras de Dios y agradecerle por ellas.
Podemos notar en las cartas del apóstol que esto era fundamental en sus enseñanzas. A los
efesios les exhorta de manera similar y podemos establecer similitudes entre ambos pasajes. En
(Efe. 5: 18-20) Allí la referencia es a ser llenos del Espíritu Santo, aquí a ser llenos de la palabra
de Dios. Podemos inferir entonces que la plenitud para nosotros, donde Dios verdaderamente
toma todo el control sobre nuestras vidas, se cumple cuando ambos aspectos moran
abundantemente.
CONCLUSIONES
Pablo no nos pudo resumir todo esto de otra manera mejor que como lo hizo:
“17 Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando
gracias a Dios el Padre por medio de él.” (Col. 3: 17) (NVI)
Nuestro comportamiento debe ser íntegro, teniendo una compatibilidad total entre lo que
pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. Esto será para la alabanza de Dios cuando
lleguemos a concientizar que todo lo hacemos por Él, en Él y para Él (Hch. 17: 28) Por eso
declaramos que lo hacemos en el nombre de nuestro Señor Jesús en gratitud a Padre. Esto
significa bajo su señorío. No es tan solo para las cosas espirituales, sino que, como es el carácter
mismo de Cristo, debe reflejarse en la vida diaria cuando interactuamos con las demás personas.
Así todos notaran el olor fragante de su conocimiento (2 Cor. 2: 14)
En la segunda venida de Cristo habrá una reunión general de todos los redimidos; y aquellos
cuya vida está ahora escondida con Cristo, se manifestarán con Él en su gloria. Pero es ahora
donde podemos y debemos manifestar que ya formamos parte de esta familia y así contribuir a
traer a casa a aquellos que faltan.
¡Sea el Señor, a través de su poderosa palabra y Espíritu, llevando todo esto a la práctica en su
vida!
¡Amén!
TÈXTO: (Col. 3: 1-17)
TÌTULO: NORMAS PARA UNA VIDA CRISTIANA
INTRODUCCIÓN
Estos versículos no describen otra cosa que nuestra nueva posición en Cristo y cual debería ser
nuestra condición. Como el cielo y la tierra son opuestos entre sí, no pueden seguirse al mismo
tiempo; y el afecto por uno debilitará y abatirá el afecto por el otro. Esto nos alerta de la
importante que es nuestro testimonio.
Ej. 1 (negativo) Lo que escuché en Cuba de alguien que vive en Bonn.
Ej. 2 (positivo) El testimonio de los que me predicaron el evangelio.
La indicación central del apóstol es buscar las cosas de arriba. ¿Por qué? y ¿Cómo? ¿Qué
representa esto? Estas cosas son las que están en Cristo, quien está a la derecha en el trono de
Dios. Veamos en la escritura las respuestas a estas interrogantes de importancia.
DESARROLLO
¿Por qué necesitamos buscar las cosas de arriba?
A. Por nuestra posición
Al nacer en la familia de Dios hemos adquirido automáticamente una nueva posición. Así como
cuando un niño nace en territorio alemán es por derecho alemán, quien nace dentro del reino de
Dios adquiere esta ciudadanía del cielo. Esta es descrita como:
Muertos al mundo y resucitados con Cristo
Estar muertos significa esto: que quienes tienen el Espíritu Santo, que mortifica en nosotros las
concupiscencias de la carne, y que somos capaces de despreciar las cosas terrenales y desear las
celestiales. Tal cualidad tiene nuestra nueva naturaleza. Esto implica tener la capacidad de
morir a la vieja manera de vivir y, por el poder de Dios que está en nosotros, vivir una nueva
vida conforme a la voluntad del Padre.
Nuestra vida está escondida en Cristo (Col. 1: 9-14)
El padre nos trasladó al reino de su hijo, quien nos prometió vida en abundancia y eterna. En
este traslado hay poder para ser fortalecidos en toda situación y se nos dio la facultad de
participar de la herencia prometida a los hijos de Dios. Esta nueva vida solo es en Cristo y
únicamente se manifiesta cuando estamos unidos a Él. Es lo que Él nos enseña: que estamos en
el mundo pero que no somos de él (Jn. 17: 14-16). Y también por eso separados de Él nada
podemos hacer (Jn. 15: 5).
Preparado para la manifestación de Jesucristo
Por nuestra nueva posición la persona de Jesucristo puede manifestarse en nosotros. ¡Que
privilegio! Él se da a conocer al mundo a través de nuestras vidas. Sin esta nueva posición esto
fuera imposible. La escritura revela que como todos pecamos estamos destituidos, privados de la
gloria de Dios. Esto significa que hemos perdido la gloria que en Dios deberíamos tener. Así
fuimos creados, a su imagen y semejanza. Pero al ser restaurados en nuestra relación con Dios
mediante Jesucristo, hemos sido renovados de manera tal que estamos nuevamente en
condiciones de experimentar y manifestar nada más y nada menos que la gloria misma de Dios
(Rom. 8: 18-21) Sabemos que esta plena manifestación se alcanzará cuando llegue el fin de los
tiempos, pero paulatinamente esa gloria se va perfeccionando cada vez más en nosotros
(2 Cor. 3: 17-18) Esto es un proceso donde cada día debemos ser renovados, haciendo morir
viejas actitudes e incrementando nuevas cualidades. Esto conduce a la respuesta a la siguiente
pregunta:
¿Cómo es que buscamos las cosas de arriba?
B. Ocupándonos de cambiar nuestra condición
Uno de los principales propósitos de Dios con nuestra nueva posición es que reflejemos la
imagen de su Hijo Jesucristo (Rom. 8: 29-30) Tan trascendental es que nos selló con su Espíritu
Santo para que Él pusiera y desarrollara su carácter en ti y en mi. Como instrumento
fundamental nos ha dejado en su palabra principios de cómo poner en funcionamiento estos
poderosos cambios. Reitero que es un proceso paulatino, pero crucial. Por lo tanto, debemos
ocuparnos diariamente de que esta nueva vida se evidencie en nosotros. Si estos cambios no son
visibles, nuestro testimonio no tendrá ninguna validez. Si nuestras vidas no llevan este mensaje,
nuestros mensajes no llevarán vida. ¿Conoces la frase “y eso que eres cristiano”? Siempre la
repetirán si tu condición no va acorde con tu nueva posición.
Ejemplos:
“¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta, mediante
obras hechas con la humildad que le da su sabiduría” (Stg. 3: 13)
“Mantengan entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el
mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el día de la salvación”
(1 Ped. 2: 12)
“Así mismo, esposas, sométanse a sus esposos, de modo que si algunos de ellos no creen en la
palabra, puedan ser ganados más por el comportamiento de ustedes que por sus palabras”
(1 Ped 3: 1-2)
Vimos la primera parte del pasaje fundamental de nuestro tema (Col. 3: 1-17) (los primeros 4
versículos) Estos nos animan a buscar las cosas de arriba en consecuencia con nuestra nueva
situación en Cristo. La siguiente porción (vs. 5-11) comienza con un “por tanto” (NVI) “por lo
tanto” (RV) indicando que lo que se va a exponer es la consecuencia obvia de tal posición en el
reino de Dios.
El consejo ahora es “haced morir las cosas de la carne” ¿Por qué? Porque ya se nos describió
como muertos a la manera de vivir que era contraria a los designios de Dios. Por lo tanto, para
vivir en la plenitud de vida en nuestra nueva naturaleza, hemos de hacer morir las costumbres
que le daban vida a la antigua, que estaba viciada y corrompida por deseos engañosos. La
manera efectiva para llevar a la muerte a las cosas propias de esa naturaleza terrenal es:
¡Abandonándolas! Abandonar significa: dejar, desamparar, dejar de ocuparse y de frecuentar,
descuidar los intereses. El Señor en su palabra nos ordena a desatender:
->Fornicación o inmoralidad sexual (πορνεία - pornéia) Esto es todos lo que se aplica a las
inmoralidades de tipo sexual, sexo fuera del matrimonio, o al conocido campo de la
pornografía.
->Impureza ( καθαρσία ἀ - akatharsía) Esto es suciedad, inmundicia, corrupción,
depravación. Se relaciona también con la sexualidad mal usada (Rom. 1: 26-27) Estos son
sentimientos que en ocasiones no se pueden gobernar porque se arraigan en el corazón, por
lo tanto, debemos hacerlos morir.
->Pasiones desordenadas (πάθος – páthos) Estas son pasiones trastornadas, eróticas.
También implica vicios descontrolados y emociones desmedidas.
->Malos deseos ( πιθυμίαν ἐ κακήν – epithumía kakós) Referido a deseos éticamente
negativos. Codicia, lascivia, lujuria. Deseos egoístas que no miran las consecuencias que
puedan tener los demás.
->Avaricia (πλεονεξία - pleonexía) No es más que ambición, deseo de tener más. No estar
conforme con aquello que suple nuestras necesidades y desear más. Esto es lo que conduce
al materialismo porque se aman más las riquezas. Jesucristo nos alertó de este peligro y de
cómo automáticamente nos conduciría a alejarnos de Dios (Mt. 6: 24) Para el Señor esto es
idolatría. Idolatría constituye un acto de adoración a un sujeto u objeto que sustituye a Dios.
¿Por qué abandonar estas cosas? Hay una razón de mucho peso para esto: Sobre los que
practican estas cosas viene la ira de Dios (Rom. 1: 18). Los que se conducen de esta manera son
caracterizados como “por naturaleza hijos de ira” (Efe. 1: 3) La Biblia nos recuerda que
nosotros estábamos también en estas condiciones (vs. 7), pero que Dios nos dio vida juntamente
con Cristo. Fuimos trasladados de posición, por lo tanto, hemos de abandonar estas prácticas
detestables.
Hay otra serie de actitudes que necesitamos abandonar porque tampoco son compatibles con
nuestra nueva naturaleza creada a imagen de Dios. Pablo no hizo aquí una lista exhaustiva de
todas las cosas que debeos abandonar. Son más bien ejemplos de formas negativas
pertenecientes a la pasada manera de vivir, la cual no agrada al creador, sino que provoca su ira.
->Enojo (θυμός - thumós) Furor, cólera, rabia, pasión intensa. Enojo es un movimiento del
ánimo que genera la ira. Alguien lo describió como una pasión hirviente.
->Ira ( ργή ὀ - orgé) Cólera que despierta un deseo de venganza. Es una naturaleza impulsiva
que conduce a desastres.
->Malicia (κακία - kakía) Iniquidad, sentimientos detestables que inclinan a hacer lo malo.
La maldad destruye la comunión y la convivencia. De ella está infectada la humanidad.
->Blasfemia o calumnia (βλασφεμία - blasfemía) Calumnia, disfamación. Significa
blasfemia cuando es contra Dios y calumnia cuando es contra los hombres.
->Palabras deshonestas o lenguaje obsceno (ασχρολογία ἰ - aiscrología) Conversación
vergonzosa, palabras injuriosas. Se dice de un lenguaje ofensivo, expresiones en forma
deshonesta y vulgar, palabras groseras. Este tipo de lenguaje corrompe al hombre
(1 Cor. 15: 33)
Todos los cambios propuestos hasta este punto fueron de manera personal, pero las normas de
la vida cristiana son mucho más profundas: También incluye nuestra relación con los demás. Ya
el segundo gran mandamiento más importante lo describe: “Ama a tu prójimo como a ti
mismo” (Mt. 22: 39) Siempre que los cambios influyan para mejoría personal muchos estarían
de acuerdo en ponerlos en práctica, aunque no sean creyentes, porque son para su propio
beneficio. La cosa se les complica cuando han de preocuparse de ser transformados a razón del
bien y la felicidad de otros. Es precisamente en estos aspectos donde el cristiano marca
notablemente la diferencia al vivir según las instrucciones del reino de Cristo.
->Dejen de mentirse unos a otros: Mentir es manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o
piensa. Es fingir, aparentar algo que no es. También incluye faltar a lo prometido o
quebrantar un pacto. Estas cosas debemos de eliminarlas de nuestras relaciones porque
inducen al error. La nueva identidad que adquirimos es a imagen e Cristo y por lo tanto no
tiene nada que ver con la mentira. Él mismo declaro ser la verdad (Jn. 14: 6)
->No hacer distinciones: No debemos hacer más distinciones de raza (griego ni judío) ni tener
perjuicios religiosos (circunciso ni incircunciso) ni de nivel cultural (culto ni inculto) ni
tampoco de clase social (esclavo ni libre) Cristo ha trascendido todas las barreras unificando
culturas, razas y naciones. Si se tuviera que reescribir este pasaje bien le podríamos añadir:
“ni bautista ni pentecostal, ni menonita ni carismático, ni metodista ni de la asamblea de
hermanos” Por lo tanto, tales distinciones pasaron a ser insignificantes porque ahora es
Jesucristo lo que importa. Pero solo cuando lo veamos desde esta perspectiva es que se hará
una realidad. De hecho es el deseo latente de nuestro Señor Jesús y así le oró a su Padre
(Jn. 17: 20-23)
Ocupándonos de esos cambios en nuestra conducta, con la ayuda de nuestro poderoso Dios,
veremos como nuestro comportamiento se parecerá día tras día más a la que Jesucristo
manifestó a los hombres cuando estuvo aquí en la tierra. Las personas nos llamarán entonces
cristianos no por religión, sino por manifestar la imagen del Cristo que han escuchado. Sin
haberte visto visitar una iglesia, confesarán que verdaderamente eres uno de ellos. Esto forma
parte de lo que el Apóstol Pablo describió como “concentrar la atención en las cosas de arriba”
Si buscamos tales cosas descubriremos que en nosotros aun hay mucho que cambiar. El
Espíritu de Dios hará evidente en nuestros corazones la incompatibilidad entre nuestra
condición y nuestra posición. Cuando el ministre estas áreas seamos humildes y obedientes,
arrepintiéndonos ante el Padre y pidiéndole que nos transforme, conforme a su propósito, más y
más a imagen de su Hijo Jesús.
¿Cómo es que se reflejan las cosas de arriba?
C. Ocupándonos de añadir a nuestra condición
“9 Dejen de mentirse unos a otros, ahora que se han quitado el ropaje de la vieja naturaleza con
sus vicios, 10 y se han puesto el de la nueva naturaleza, que se va renovando en conocimiento a
imagen de su Creador” (Col. 3: 9-10) (NVI)
No debemos quedarnos solamente en la parte del proceso que se ocupa de abandonar o hacer
morir las costumbres de la naturaleza pecaminosa y viciada, sino que debemos continuar en
añadir cualidades que son compatibles con nuestra nueva naturaleza. Esta tiene algo muy
peculiar: Fue creada a imagen de su creador. Ese es el plan glorioso que Dios diseñó para
nuestras vidas como está en (Rom. 8: 29-30) Él quiere desarrollar en nosotros las características
de su Hijo.
A la siguiente porción el apóstol le añade otro “por lo tanto” dejando conocer la razón del
mismo: “Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de…” (vs. 12) Dios
nos ha escogido por gracia y apartado para llevar una vida diferente. Dentro de las normas de
esta novedad cristiana hay cosas que debemos aumentar:
->Afecto entrañable: Lit. Entrañas de compasión. Afecto es una inclinación hacia algo o hacia
alguien. Lo que se nos está diciendo es que debemos tener una compasión que salga de lo
profundo de nuestro ser, similar a lo que el maestro sintió cuando vio a los hombres como
ovejas sin pastor (Mt. 9: 35-38)
->Bondad (χρηστότης - jrestótes): Benignidad, benevolencia, lo bueno, lo correcto,
honradez. Esto nos hace ser útiles, agradables y apetecibles.
->Humildad (ταπεινοφροσύνη - tapeinofrosúne): Virtud que consiste en el conocimiento
de sus propias limitaciones y debilidades y obrar de acuerdo a este conocimiento. En otros
lugares se describe como:
“Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo
con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado” (Rom. 12: 3) (NVI)
“3 No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como
superiores a ustedes mismos” (Fil. 2: 3) (NVI)
->Amabilidad (πρότης ᾳ - praótes): Mansedumbre, apacibilidad, dulzura. Ser afables y
afectuosos. Fuerza bajo control. Este control debe ser ejercido por el Espíritu Santo, solo así
podrá ser bien utilizada.
->Paciencia (μακροθυμία - makrothumía): Longanimidad. Capacidad de padecer o
soportar algo sin alterarse. Facultad de saber esperar algo. Dos versículos interesantes
acerca de la paciencia (Ecl. 10: 4) (Rom 12: 12) (Véase en la NVI donde se expone con más
claridad) Esto no es solo soportar por soportar, sino soportar luchando como es debido, en fe
y con la mirada puesta en nuestra esperanza. Luchar aguardando recibir lo que se nos ha
prometido.
Continuando con la frase “de modo que” la NVI da más claridad y fluidez a la enseñanza que
Pablo nos aporta en estos versículos. Todas las características mencionadas anteriormente y que
componen nuestra “vestidura” son personales, pero han de manifestarse en nuestra relación con
los demás. Esto significa que no tienen ningún valor si no las aplicamos en el trato de los unos
con los otros. Por eso debemos añadirlas y desarrollarlas de modo que podamos utilizarlas para:
->Soportarnos (Tolerarnos) los unos a los otros: Saber respetar las ideas de los demás aun
cuando son diferentes o contrarias a las nuestras. Estar listos a sufrir por otros mientras
esperamos serles de ayuda o enseñarles algo.
->Perdonarnos los unos a los otros: Remitir una deuda, ofensa o falta. Alzar una pena o
liberar de una obligación. Tratar generosamente. Es asimismo devolver, conceder, dar. El
verbo griego (χαρίζομαι - jarídsomai) también significa soltar a un prisionero. Esta
acción es poderosa cuando la hacemos a la medida que se nos pide: así como el Señor nos
perdonó. ¿Nos puso condiciones para morir por nosotros? ¿Se sentó a esperar a que
viniéramos a Él o tomó la iniciativa? Él es en todo nuestro modelo. Esto nos será solamente
posible si decidimos:
->Por encima de todo vístanse de amor: Las normas para una vida cristiana no es solamente
una lista de reglas que hay que cumplir, es sobre todo (y antes que nada) un amor con el cual
debemos vincularnos los unos con los otros. Este es el vínculo perfecto. Un amor a la altura
del Dios es desinteresado. Viene de una decisión más que de un afecto, sentimiento o de un
estado de ánimo.
->La paz de Cristo gobierne en nuestros corazones: No es lo que nosotros entendamos por
paz ni tampoco la paz que el mundo ofrece (Jn. 14: 27) Es la paz de Cristo quien debe regir
(lit. actuar como mediador) en nuestros corazones para que realmente actúe en todas
nuestras relaciones. Una paz que sobrepasa todo entendimiento (Fil. 4: 7) y que solo Dios
pueda dar porque está basada en Él.
->Ser agradecidos: Que se responde favorablemente al trabajo que se nos dedica. Ser
agradecidos en primera línea hacia Dios por lo que él es, por lo que ha hecho y por lo que
nos ha dado. La gratitud es una llave que abre muchas puertas. El Señor lo ha dado a
demostrar en repetidas ocasiones en su trato con el pueblo (Sal. 50: 7-15)
A modo de conclusión, Pablo nos lleva a la fuente donde podemos apoderarnos y mantenernos
en esta conducta. Para vivir verdaderamente siendo “para alabanza de su gloria” (Ef. 1:12)
resulta imprescindible que:
->La palabra de Cristo habite en abundancia: Se refiere directamente a las enseñanzas de
Jesús que se transmitían en aquel entonces, pero por implicación, incluye tanto en A.T.
como el N.T. Muchos tienen la palabra, pero habita pobremente en ellos y es esta la razón
por la cual que no se manifiesta todo su poder en ellos. Quien quiera lograr cumplir con las
normas propuestas, debe buscar que esta morada sea en abundancia o “en toda su
plenitud” como traduce la NVI. Cuando esto se da se manifiestan sus beneficios cuando nos
instruimos y aconsejamos con toda la sabiduría que el Señor nos bendice a través de ella. El
alma prospera cuando estamos llenos de las Escrituras y de la gracia de Cristo.
->Cantad con gracia en vuestros corazones: Los cánticos que se levantan al Señor son
verdadera alabanza y adoración cuando nacen de un corazón agradecido. Es por eso que
cuando cantamos debemos ser afectados por lo que cantamos. ¿Sabía ustedes que algunas
de las doctrinas más importantes se han expresado en forma de himnos? (Col. 1: 15-20)
(Efe. 5: 14) (Fil. 2: 6-11) (1 Tim. 3: 16) Aquí se nos enseña diversos tipos de cánticos:
Salmos, son los que conocemos del A.T. y quizás a varios de ellos la iglesia les añadió
música, como hace también la iglesia en la actualidad. También puede describir algún tipo
de canto compuesto especialmente para la adoración cristiana (1 Cor. 14: 26) (Aquí himno
es lit. «salmo») Himno era un canto de alabanza que se usaba sobre todo en alguna
celebración (Sal. 100: 4) (Heb. 2: 12) y Cánticos espirituales es cuando nosotros,
inspirados por el Espíritu de Dios, le expresamos honor, reverencia, gratitud, amor,
obediencia. En nuestras canciones podemos relatar las obras de Dios y agradecerle por ellas.
Podemos notar en las cartas del apóstol que esto era fundamental en sus enseñanzas. A los
efesios les exhorta de manera similar y podemos establecer similitudes entre ambos pasajes. En
(Efe. 5: 18-20) Allí la referencia es a ser llenos del Espíritu Santo, aquí a ser llenos de la palabra
de Dios. Podemos inferir entonces que la plenitud para nosotros, donde Dios verdaderamente
toma todo el control sobre nuestras vidas, se cumple cuando ambos aspectos moran
abundantemente.
CONCLUSIONES
Pablo no nos pudo resumir todo esto de otra manera mejor que como lo hizo:
“17 Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando
gracias a Dios el Padre por medio de él.” (Col. 3: 17) (NVI)
Nuestro comportamiento debe ser íntegro, teniendo una compatibilidad total entre lo que
pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. Esto será para la alabanza de Dios cuando
lleguemos a concientizar que todo lo hacemos por Él, en Él y para Él (Hch. 17: 28) Por eso
declaramos que lo hacemos en el nombre de nuestro Señor Jesús en gratitud a Padre. Esto
significa bajo su señorío. No es tan solo para las cosas espirituales, sino que, como es el carácter
mismo de Cristo, debe reflejarse en la vida diaria cuando interactuamos con las demás personas.
Así todos notaran el olor fragante de su conocimiento (2 Cor. 2: 14)
En la segunda venida de Cristo habrá una reunión general de todos los redimidos; y aquellos
cuya vida está ahora escondida con Cristo, se manifestarán con Él en su gloria. Pero es ahora
donde podemos y debemos manifestar que ya formamos parte de esta familia y así contribuir a
traer a casa a aquellos que faltan.
¡Sea el Señor, a través de su poderosa palabra y Espíritu, llevando todo esto a la práctica en su
vida!
¡Amén!

