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Un encuentro personal con Dios (parte 3)

UN ENCUENTRO PERSONAL CON DIOS (3)
TEXTO: (EXOD 19: 7-11)

-Hemos visto en los estudios anteriores lo decisivo que resulta tener un encuentro personal

con Dios, no solo para nuestras vidas en particular, sino también para muchos otros que son
beneficiados producto de la presencia transformadora del Señor. Tampoco nos quedan dudas
de que Dios mismo es quien tiene la iniciativa en este asunto, que es el deseo de su corazón.
Pero producto de su personalidad, sus atributos y cualidades, también nos recomienda algo
especial que requiere nuestra atención.
(Leer el texto)

ALISTARSE PARA EL ENCUENTRO

-El Todopoderoso nos ha dado su palabra como un regalo de incalculable valor y sabemos que
en ella podemos confiar. Su fidelidad a ella ha quedado más que demostrada, sabemos que
cumplirá sus propósitos. En estos versículos aparecen indicaciones relevantes que merecen
nuestra atención: (vs. 10-11)
“y Jehová le dijo: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana. Que laven sus vestidos y estén
preparados para el tercer día, porque al tercer día Jehová descenderá a la vista de todo el pueblo
sobre el monte Sinaí”

SANTIFICADOS

-El Dios que se ha propuesto visitarnos y hacer sus maravillas entre nosotros es la máxima
expresión de la santidad. Nos ordena ser santos porque él lo es, nos ha bendecido con el
Espíritu Santo para que le podamos conocer y nos indica que debemos santificarnos para ir a
encontrarnos con él. ¿Porqué? ¿Es un capricho? No lo es, es algo necesario
“Seguid la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (HEB 12: 14)
-Sin apartarnos del mal nunca podremos verle, sin ser santificados no podrá cumplir sus
propósitos en nosotros. Pablo nos explicó (2 COR 6: 14-18) El Señor no puede obrar en
nuestras vidas si estamos en suciedad y maldad, realmente esto no es más que una muestra de
su amor. No nos ayudaría en nada si se encuentra personalmente con nosotros en esas
condiciones. El omnipotente prometió:
“Jehová ha retirado su juicio contra ti; ha echado fuera a tus enemigos. Jehová es Rey de
Israel en medio de ti; no temerás ya ningún mal” (SOF 3: 15)
-Cuando él desciende en medio de su pueblo todo mal será destruido completamente,
y si andamos envueltos con el mal, sufriremos también los efectos de la destrucción.
Esta experiencia se evidenció sobre los hijos de Aarón (LEV 10: 1-3) Ellos fueron
delante del Señor con cosas extrañas que no concordaban con su personalidad, y al
manifestarse su gloria fueron también consumidos.

LAVADOS

-Esto es algo parecido a la santificación. Dios ordenó algo estricto para todo aquel que se
acercara a su presencia (EXOD 30: 17-21) ¿Porqué debía hacerlo? Para que no mueran. Y eso
fue dado por estatuto perpetuo. Limpiarse para entrar a la presencia de Dios es tan importante,
que la fuente estaba hecha con los espejos de bronce de las mujeres; con el objetivo de que allí
mismo se pudiera ver si todavía quedaba algo sucio para que pudiera ser corregido.
-Jesús prepara también a sus discípulos en cuanto a esto (JUAN 13: 1-8) Es así de exacto:
“Si no te lavare no tendrás parte conmigo”

PREPARADOS

-Vimos el llamado en tiempos de Moisés a estar preparados para entrar a la presencia de Dios.
El camino que tenía que recorrer el sumo sacerdote hasta llegar al lugar santísimo nos anuncia
que hay que alistarse para estar con Dios. Este propósito se repitió una y otra vez para el
pueblo del Señor:
“Os trastorné como Dios trastornó a Sodoma y a Gomorra, y fuisteis como tizón escapado
del fuego; mas no os volvisteis a mí, dice Jehová. Por eso, Israel, haré lo mismo contigo; y
porque te he de hacer esto, prepárate, Israel, para venir al encuentro de tu Dios”
(AMOS 4: 11-12)

-Este era un llamado que se le hizo al pueblo de Israel porque andaba descarrilado y su Dios

decidió visitarlos para exterminar la maldad. En su misericordia les previno para que se
prepararan.

-Años más tarde se efectuaría una especial visita de Dios a los seres humanos. El Señor mismo

viviría en medio de los hombres. ¿Qué mensaje envió para esta experiencia?
“Voz del que clama en el desierto: “¡Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas!”
(MAT 3: 1-3)

-En ese tiempo había muchos clamando por una visitación de Dios, analizando los tiempos

para ver cuando se cumplirían las promesas para el pueblo (Como el caso de Simeón)
(LUC 2: 25-27) El creador se decidió a visitarlos, pero para que pudieran entenderle y recibirle
tenían que prepararse. ¿Qué sucedió? No se prepararon y por consiguiente no pudieron
entender la presencia de Dios. Aunque Jesucristo hizo milagros, maravillas y prodigios entre
su pueblo, aunque multitudes quedaron asombradas, en realidad otros muchos no le
entendieron ni pudieron disfrutar todo el bien que el Dios de sus padres le otorgó. De ellos
Pablo escribió:
“Pero hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que Dios predestinó antes de los
siglos para nuestra gloria, 8la cual ninguno de los poderosos de este mundo conoció, porque si la
hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de la gloria”  (1 COR 2: 7-8)

-Pero el Señor no quiere que a nosotros nos suceda lo mismo. Por eso nos ha dejado plasmado

en su palabra la necesidad de estar preparados. Él quiere que experimentemos toda esta gloria
que ha predestinado para los que le aman, por eso nos alerta de esta manera (LUC 12: 35-47)

-La traducción de la NVI (Nueva versión internacional) dice:

(vs. 37) “Bienaventurados los siervos a quienes su Señor los encuentre pendientes de su llegada”
(vs. 47) “El siervo que conoce la voluntad del Señor, y no se prepara para cumplirla, recibirá muchos
golpes”

-Esto nos habla del porqué a veces Dios no ha descendido en medio de su pueblo. Muchos no

estamos preparados para eso, de haberlo hecho, no le quedaría otra opción de descargar su luz
poderosa sobre nuestras vidas y de veraz que sería fatal. Pero si quiere moverse con libertad
en medio nuestro, si desea hacer sus grandes proezas en este tiempo, se ha propuesto ir al
frente de su ejercito. No olvidemos o despreciemos este versículo bíblico:
“Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos” (HEB 13: 8)

-Nos está haciendo constantemente este llamado. De su iglesia gloriosa, la que Jesús está

esperando se dice (APOC 19: 7-8) Su esposa debe estar preparada para tener un gran
encuentro con su Señor.

-El Apóstol Juan tuvo una tremenda visión en el Apocalipsis que finalizó de manera gloriosa.

Es mi deseo que, a través de estos estudios, el Señor se manifieste con su gloria y que
experimentemos lo que Juan, con muchos años de anterioridad, pudo contemplar en el
Espíritu:
“Yo, Jesús, he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el
linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana. El Espíritu y la Esposa dicen: ¡Ven!. El
que oye, diga: ¡Ven! Y el que tiene sed, venga. El que quiera, tome gratuitamente del agua de la
vida”
(APOC 22: 16-17)

-Al contemplar aquello el Apóstol no pudo encontrar otra respuesta, su corazón respondió

directamente: “¡Ven, Señor Jesús!” Fue algo tan maravilloso que despidió con un gran deseo y
yo lo quiero hacer de igual manera:

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros”

¡Amén!